Vinos de Medina del Campo

HISTORIA

MENÚ DE CONTENIDO

 

• 20-11-07 - Presentación de la Asociación Vinos Tierras de Medina del Campo

• 09-01-08 - Presentación del blog de la Asociación Vinos Tierra de Medina del Campo

• INTRODUCIÓN

• El predominio vitícola de Medina-Alaejos durante los siglos XV y XVI dentro de la Tierra de Medina

- La evolución vitícola general de la Tierra de Medina

- La primacía del vino blanco de Medina-Alaejos

• Un viñedo de calidad

- La superior calidad de los vinos blancos de Medina

- Una calidad no exenta de defectos: las deficiencias en el método de elaboración y sus causas

• La gran expansión comercial de los caldos de Medina

- La gran importancia de los volúmenes comerciales

- Los factores de la expansión comercial

- La proximidad a las regiones consumidoras

- Gran calidad de los vinos blancos

- La importancia comercial de Medina en función de sus Ferias

- La gran amplitud de su domino comercial

- Zona occidental y meridional de Castilla y León

- Norte del Duero

- Las Montañas del Norte

- El extranjero y la Corte

• Ordenanzas de Medina del Campo sobre viñas y labranzas confirmadas por el Real Consejo de Castilla de 17 de octubre de 1561.

• Nuevas ordenanzas de pan y vino hechas por la villa de Medina del Campo aprobadas el 2 de octubre de 1698

• 19-09-08 - Carta de Presentación formal ante la Junta de Castilla y León el procedimiento justificativo para la obtencion de la VCPRD Tierra de Medina del Campo

 

24-12-07 - Presentación de la Asociación Vinos Tierras de Medina del Campo

 

Con motivo de la presente procedemos a presentarnos formalmente ante ustedes, imprevistos de ultima hora han impedido nuestra presentación en sociedad en estos dias, pero estaremos gustosos de colaborar  e informarles en lo que ustedes puedan necesitar, esperando colaborar juntos para que los vinos Tierra de Medina puedan volver al mercado. La asociación está activa por la Orden de 24 de abril 2007 de la Junta de Castilla y León, y a la espera de ser inscrita en el registro de Asociaciones de la villa, hasta que esto ocurra y si necesitan más información nuestro contacto administrativo estará a su entera disposición. En una archivo adjunto os enviamos copia del mailing que han recibido todas las bodegas de la zona.

 

Atentamente

Gabinete de Prensa

Asoc. Vinos Tierra de Medina del Campo.

(Documento de presentación de la Asociación)

Para más información:

Teléfono: 671251791.

E.mail: info@vinosdemedina.es



09-01-08 - Presentación del blog de la Asociación Vinos Tierra de Medina del Campo

 

Muy Señor Mio:

 

Tenemos el placer de comunicar del nacimiento (en pruebas) del blog de la Asociación Vinos Tierra de Medina del Campo. En el cual se insertarán noticias relacionadas con la actividad de nuestra asociación. Presentaciones oficiales, marcas, actividades, cursos de catas, turismo enológico, mercadotecnia, soluciones a problemas en plantaciones y viñas, servicio juridico, relación de bodegas etc. Todo ello con el único objetivo de que nuestros defenestrados vinos vuelvan a tener el reconocimiento que tuvieron en el pasado. El enlace es el siguiente: http://vinostierrademedinadelcampo.blogspot.com/

 

Gabinete de Prensa

Asoc.Vinos Tierra de Medina del Campo

 

 

Medina y su Tierra durante los siglos XV-XVI: una economía Agraria en el apogeo comercial de sus viñedos de calidad.

 

Hilarión Pascual Gete

 

INTRODUCCIÓN

 

Medina el Campo tiene su pasado histórico más floreciente, como ciudad, en el siglo XVI. Durante esta centuria su actividad mercantil y financiera adquirió, un protagonismo económico nacional e, incluso, internacional de primera fila. En la esfera agraria va a suceder otro tanto. Los caldos de Medina van a alcanzar una fama nacional hasta convertirse en una auténtica marca de calidad que les abre las puertas de la Corte española. De esta manera Medina -seguida ya a una cierta distancia por Alaejos- es el centro pionero dentro de su comarca que inicia con decisión el camino de la expansión vitícola comercial durante la Edad Moderna. Al lado de este formidable impulso vitícola, las otras dedicaciones agrarias tradicionales, cerealística y ganadería, forzosamente van a palidecer. Pero, con el tiempo, concretamenta a partir del siglo XVII, su protagonismo vitícola va a pasar a los otros núcleos comarcanos más septentrionales de La Nava, Rueda, y La Seca, los cuales supieron y pudieron arrebatarle a la ciudad de las ferias no sólo esta función vitícola sino también su papel como centro comercial de servicios, al menos en parte.

 

I - EL PREDOMINIO VITÍCOLA DE MEDINA-ALAEJOS DURANTE LOS SIGLOS XV Y XVI DENTRO DE LA TIERRA DE MEDINA

 

Para conocer ajustadamente la preeminencia vitícola de Medina, nada mejor que analizar conjuntamente la evolución vitícola general de la comarca. Así se comprenderán mejor las circunstancias comunes de la expansión comarcal, dentro de la cual cobran pleno significado las razones del superior desarrollo vitícola medinense.

 

La evolución vitícola general de la Tierra de Medina

 

Los orígenes históricos del viñedo comercial de Tierra de Medina nos son desconocidos. Probablemente ya en la Baja Edad Medina experimentó un primer desarrollo a expensa de las relaciones complementarias de carácter comercial existentes entre las regiones cantábrica y Castilla la Vieja. De hecho, ya en el siglo XIV se han hallado menciones de vino blanco de Castilla la Vieja en el abastecimiento de algunas ciudades del norte, sin que se precise el lugar concreto de su origen. (A.Huetz de Lemps: Vignobles et vins du Nord-Ouest de l´Espagne. Institut de Geographie. Faculté des Lettres de Bordeaux, 1967, 2 vols, Cf. vol I, pág. 200.)

 

En cambio poseemos abundantes referencias e incluso datos estadísticos más o menos aproximados sobre la fuerte expansión vitícola de la comarca durante todo el siglo XVI. La expansión está encuadrada en la favorable coyuntura de que gozó España, y particularmente ambas Castillas y Andalucía, durante gran parte del siglo XVI a impulsos de un aumento de la demanda y una gran alza de precios en los productos agrícolas, que se hizo más sensible en el vino y en el aceite (La coyuntura general ha sido estudiada por R. Carande: Carlos V y sus banqueros. 1. La vida económica en Castilla (1516.1556). 2ª. edición. Madrid 1965. Págs. 136 y ss. e igualmente se refleja a escala local en los trabajos de B. Bennassar: Valladolid au siecle d´Or. Une ville de Castille et sa campagne au XVI siecle. Ecole Pratique des Hautes Etudes. París, 1967, 634 páginas. CF- Págs. 278 y ss.). Esta coyuntura general pudo ser aprovechada muy ventajosamente a nivel comarcal, en la Tierra de Medina por la gran importancia alcanzada por las Ferias de Medina en esta época, que se van a convertir en el resorte fundamental de la promoción vitícola de su entorno rural. Medina durante los siglos XV y XVI fue una gran ciudad que en 1561 contaba con más de 3.000 vecinos; en ella tenían su asiento una numerosa población de conventos y nobles, así como de mercaderes adinerados; y durante largos periodos de feria acudían a sus abundantes mesones -27 se contabilizaban en el censo de 1561- y a las casas de alquiler una abigarrada población flotante que multiplicaba la necesidad de abastecimientos(B. Bennassar: Valladolid au siecle d´Or..., pág. 88, y J. Escudero Solano:-Medina del Campo, estudio de un pequeño núcleo urbano de Castilla la Vieja- (in) Estudios Geográficos, año 1965, núm. 101. Págs. 439-506. Cf. pág. 450). Así la Tierra de Medina poseía un amplio y selecto mercado que va a tratar de abastecer ganando tierras de cultivo a los espacios incultos.

 

Pero esta distinguida clientela, que ha podido apreciar en las abundantes tabernas de Medina la excelente calidad de sus vinos blancos, regresa a sus ciudades llevando consigo alguna cantidad de tan estimado líquido; las ferias, así, no sólo son el origen de un importante mercado centrado en la propia comarca, sino que, además, -y aquí reside su trascendencia para el futuro- se convierten en un excepcional vehículo de conocimiento de los caldos de Medina y su Tierra, llevando su fama a todos los rincones de Castilla y región cantábrica e incluso saltando las fronteras peninsulares hasta llegar a Flandes(J. López Osorio: -Principio, grandeza y caída de la noble villa de Medina del Campo; de su fundación y nombre que ha tenido hasta el tiempo presente- (año 1607) (in) I. Rodríguez y Fernández: Historia de Medina del Campo. Madrid, 1903-1904. 1.043 págs. Cf. pág. 46.).

 

Tratando de conservar íntegramente para sí este vasto mercado, la comarca, y especialmente Medina, obtiene el cerrado proteccionismo para sus vinos al conseguir de los Reyes Católicos la prohibición de entrada de vinos ajenos a la misma. Esta medida, que es confirmada por Carlos V significa el respaldo legal adecuado que contempla otra orden real de 1498, en que se autoriza el plantío de viñas en el término de Medina para un mejor abastecimiento de la ciudad, especialmente en tiempos de ferias (B.N. M:. 5944: Apuntes para la Historia de Medina... fol. 90, e I. Rodríguez Fernández: Historia e Medina..., pág. 43.). La benéfica influencia de semejante apoyo dispensado a Medina por su protectora la reina Isabel, rebasando su contorno rural más inmediato, va a extenderse a toda su Tierra. Dos circunstancias jurídicas concretas, a parte de la coyuntura general creada, lo van hacer posible. El proceso repoblador dio lugar en la Tierra medinense a la figura jurisdiccional de las rejas vueltas. En su virtud, cualquier nuevo espacio de cultivo ganado a los bienes colectivos puede ser adquirido, bajo las diversas formas de posesión, por cada uno de los vecinos de la Tierra independientemente de su lugar de habitación; el resultado es la importancia que en el ámbito territorial que rodea a cada núcleo -lo que luego será denominado término- tiene la propiedad foránea. Así los vecinos de Medina, especialmente los estamentos privilegiados y burguesía, cuya propiedad se extendía por los terrazgos de los núcleos vecinos, pudieron dar un impulso muy grande a su riqueza vinícola a base de plantíos en la Tierra, más allá de su inmediato terrazgo (A.H.N. Consejos. Leg. 24987, exp. núm. 10. Año 1626: Pleito entre Medina y los lugares de su Tierra a propósito de las ordenanzas sobre el vino de Medina del Campo. Y A.G.S. Extedientes de Hacienda. Leg. 317, exp. núm. 1; Leg 318. exp. núm. 4 y Leg. 334. Año 1559.). Por otra parte el proteccionismo logrado por Medina, aunque mira particularmente a su propio interés, no desampara por entero a su Tierra: Así a la vez que se prohibía la entrada en la villa de "vino cocido" en cualquier época del año, se permitía a los lugares de la comarca la introducción de uva y mosto desde la vendimia hasta San Martín de Noviembre: e este modo gran parte de los vinos comarcanos, a través de su venta a los grandes cosecheros o simples comerciantes o bodegueros de Medina, poseían una salida asegurada (A.H.N. Consejos. Leg. 24987, exp. núm. 10. Año 1626.).

 

Tales impulsos, debidamente encauzados, originan una fuerte expansión del viñedo en Tierra de Medina durante el siglo XVI, de modo que es en esta época, sin duda, cuando cristaliza plenamente y en forma definitiva su carácter comercial. Así en el concejo de Medina pudo comparar ya en 1540 los niveles de producción de su ciudad con los de cualquier "ciudad, villa y lugar de estos reinos", como consecuencia de la abundancia de plantaciones realizadas en los cuarenta años anteriores al amparo de la seguridad conseguida en el abastecimiento de su amplio mercado(B.N. Ms.5944: Apuntes para la Historia de Medina... fol. 90). A este desarrollo de las primeras décadas del siglo XVI, el primero documentado, coincidente probablemente en el adelantamiento del alza de precios del vino respecto al alza de precios de los otros productos agrarios, descrita por Bennassar para Valladolid y su campiña(B. Bennassar: Valladolid au siecle d´Or... pág. 288), siguió otro, que sepamos, también importante y ya mensurable en parte, entre 1557-60 y 1590-95. Con base a las tercias de la mayor parte de los pueblos del partido de Medina, que comprenden todos los núcleos importantes de la comarca, a excepción de Alaejos, hemos podido comprobar un incremento de la producción media anual entre ambos momentos del orden de 60 por ciento, pasando el citado impuesto de 3.830 a 5.790 cántaras de valor medio anual(A.G.S. Expedientes de Hacienda Leg. 125, exp. núm. 13 y 14 y Leg. 317, exp. núm. 1. Averiguación de tercias reales del partido de Medina, años 1560 y 1595, respectivamente. Los datos totales y de los diversos lugares figuran en el cuadro I de este capítulo.). Un desarrollo semejante durante esta etapa coincide,una vez mas con una subida vertical de los precios del vino a partir de 1560 experimentada en Valladolid y su contorno, lo que sin duda puede ser un factor de explicación. Esta alza de los precios pudo ser, además, mejor aprovechada por Medina y su tierra ante la creación en el último cuarto del siglo XVI de un mercado de calidad o estable, representado por el abastecimiento a la Corte de Madrid (A.H.N.Cinsejos.  Sala de Alcaldes de Casa y Corte. Libro 1579 a 1601.).

 

De este modo, ya en la segunda mitad del siglo XVI, cuando aún no había alcanzado el viñedo su máxima extensión, los relatos de los viajeros ponen de relieve su gran importancia(E. Cock: -La jornada de Tarazona. Año 1592- (in) J.García Mercadal: Viajes de extranjeros..., vol. I, pág. 1.417); y el Corregidor de Medina, cayendo sin duda en una deformación de la fisonomía paisajística de la comarca, aunque no de su valor comercial, pudo informar en 1571 a la Cámara de Castilla que "en la jurisdicción de esta villa y sus lugares hay labranzas de viñas y algún pan"(R.A.H. 9.29.5.5927: Relación de los vecinos y parroquias de la villa de Medina y lugares de su jurisdicción que remitió a la Cámara en el año 1571 el Corregidor.). Así, pues, la Tierra de Medina se había configurado definitivamente como una comarca en la que el viñedo era elemento esencial en el paisaje agrario. Relegados, en lo posible, a un segundo plano los cultivos cerealísticos, su economía a finales del siglo XVI se basaba en el amplio desarrollo del viñedo como cultivo netamente comercial(A.G.S. Expedientes de Hacienda. Leg. 125, exps. núm. 125, exps. núm. 13 y 14 y Leg.  317 exp. núm.1: Averiguación de tercias reales del partido de Medina, años 1560 y 1595, respectivamente.).

 

La primacía del vino blanco de Medina-Alaejos

 

A mediados del siglo XVI, a juzgar por el valor de las tercias, existe un equilibrio vitícola entre el sector de terrazas y el de la campiña. Sin embargo, dentro de cada sector hay diferencias: La dispersión vitícola, entre los diversos términos septentrionales contrasta con la concentración de los viñedos de Alaejos y Medina, mientras que el resto de los terrazgos meridionales poseen, en general, un escaso relieve en el cultivo de la vid(A.G.S. Expediente de Hacienda. Leg. 209, exp. núm. 13: Derecho de nombramiento de mojones en Alaejos. Pleito de 1564 a 1569, y G. Moraleja Pinilla: Historia de Medina..., pág. 131.). Esta distribución geográfica del viñedo, en lógica relación con las coyunturas históricas que están en su base, se traduce, a nivel comparativo entre los diversos terrazgos,en una importancia de los viñedos de Alaejos y Medina por estas fechas superior a la del resto de los centros vitícolas.

 

CUADRO Nº 1

 

 

 

Evolución de las tercias de mosto durante el diglo XVI

Treinta años después, el la última década del siglo, se ha producido una evolución que predice tendencias posteriores (Véase el cuadro nº 1). Ha tenido lugar un aumento en toda la Tierra de Medina; pero ésta resulta mayor, con porcentajes que alcanzan el 90 y el 100 por cien, respecto de la primera fecha, en los términos septentrionales, donde, por otra parte, algunos viñedos, como los de la Nava, comienzan a destacarse netamente sobre el resto. El equilibrio de superficies vitícolas existente entre la campiña y el sector de terrazas comienza, pues, a romperse a favor de este último, aunque la tendencia esté solamente esbozada y Medina, que ha aumentado su producción en un 38 por cien, siga siendo el concejo que posee un viñedo más amplio.

 

Pero Medina y, a una cierta distancia, otro tanto tuvo que suceder en Alaejos-tenía importancia, ya que a mediados de siglo, aún más que por los extensos viñedos de su terrazgo, por su papel comercial, como vía principalísima de salida de los vinos de su tierra. Y en este concepto el incremento vitícola de los términos septentrionales en la segunda mitad del siglo XVI es aprovechado por Medina para reforzar semejante papel, como lo prueba el aumento de sus corredores de vinos que de 6 en 1569 pasan, en 1588, a 12 a los que se añade un sobreestante. Si las ferias son las impulsoras decisivas de la importancia vitícola de Medina y su tierra, su decadencia, iniciada a partir de la década de 1570, va a contribuir ahora, aunque por corto espacio de tiempo, a dar nuevos vuelos a su actividad comercial en el género de los vinos. Los mercaderes engendrados por las ferias, al decaer éstas, invierten en el negocio de la compraventa de mosto y en el añejamiento del mismo(A.H.N. Consejos. Leg. 24987, exp. num. 10, año 1626: Pleito entre Medina y los lugares  de su Tierra a propósito de unas ordenanzas sobre el vino.).

 

Este proceso, que se incrementará aún más en las últimas décadas del siglo XVI, aprovecha la fama alcanzada por los vinos blancos de Medina y Alaejos, de la que se hacen eco Herrera y Quevedo(De la fama del vino de Medina se hace eco G.A. Herrera: Agricultura General. 1513. Nueva edición, Madrid, 1816-1819, citado por A. Huetz de Lemps: Vignoble et vins du Nord-Ouest de l´Espagne... Tomo I. pág. 328. Por su parte  M- Herrera García en su -Vida  española del siglo XVII: 1. Las bebidas, Madrid 1933, 259 págs., recoge en la página 49, nota 93, diversos testimonios literarios del siglo XVI y XVII de la calidad del vino de Medina, que el de Tirso de Molina en -La lealtad contra la envidia- cuando al referirse a la ciudad dice: Pues sólo sus vinos son -los monarcas de Castilla-. Igualmente recoge citas sobre los vinos de Alaejos como el de-vinos de Alaejos- que sustentan a niños y a viejos- de -La pícara Justina-; o la frase de Quevedo: -los paños franceses no abrigan lo medio- que una santa bota de los de Alaejos- -Talia, Musa 6ª. romance 98-.), y que se plasma en unas ordenanzas implantadas en muchos lugares de Castilla y de la región cantábrica altamente favorables para estos centros vitícolas de nuestra comarca(A. Huetz de Lemps: Vignoblke es vins du Nord-Ouest de l´Espgne... Tomo I, págs. 327 y 328.). En consecuencia, en Alaejos el "único trato y granjería" existente era el del vino(A.G.S. Expedientes de Hacienda. Leg. 209, exp. núm. 13, año 1614.); y Medina, por su parte, contaba con numerosísimas bodegas en las que cosecheros, bodegueros y simples regatones almacenaban gran parte de la cosecha de la comarca para reexpedirla a un amplio y cualificado mercado que había ganada el acreditado renombre de sus caldos(A.H.N. Consejos, Leg. 24987, exp. núm. 10 y A.H.N. Consejos, Sala de Alcaldes de Casa y Cortes. Libro 1594-1601, fº 150.). El protagonismo de Medina y Alaejos a nivel comarcal era, pues, un hecho durante todo el siglo XVI tanto en el dominio vitícola, como, sobre todo, en su aspecto comercial; y ambas realidades guardan una estrecha relación con la acreditada fama de sus caldos, que llevan precisamente el nombre de "blancos de Medina-Alaejos" durante este periodo.

 

II - UN VIÑEDO DE CALIDAD

 

Una de las razones, en efecto, por las que el viñedo de Medina y, por extensión, de su comarca experimenta a lo largo del siglo XVI una ampliación tan formidable estriba, sin duda, en la calidad del producto obtenido, insuperable a escala regional y, quizás, nacional a la sazón. Aunque a veces se ha ignorado que semejante bondad no estaba exenta de determinados defectos como consecuencia de circunstancias técnicas, económicas y sociales diversas. Al logro de su gran calidad contribuían unas condiciones ecológicas muy concretas de la comarca, particularmente el uso predominante de una variedad de cepa muy idónea, el verdejo, pero en buena medida era el fruto de unas técnicas enológicas superiores, en conjunto, a las practicadas en el resto de su amplio entorno regional.

 

La superior calidad de los vinos blancos de Medina

 

FIGURA 1

 

El lagar tradicional de Tierra de Medina.

El lagar tradicional de Tierra de Medina.

 

El lagar es una pieza de 60 pies (unos 16 m.) de largo, 20 (5,5 m.) de ancho y de una altura proporcionada. En él hay una viga de olmo grueso de dos tercias en cuadro y de 40 a 50 pies de largo (11 por 14 ms.): el extremo más grueso está entre cuatro postes que llaman merinas y tiene un taladro en que se introduce de parte a parte horizontalmente un barrón de hierro que llaman lobo, cuyos extremos quedan entre las merinas para impedir que la vida (1) vara atrás ni adelante, y sobre dichos postes o merinas carga una pared muy gruesa para contrabalancear la gran fuerza de la viga. A la otra punta tiene el husillo(2) cuyo extremo inferior se asegura en una piedra de una vara de alto y otra de diámetro (una vara equivale a 0,836 ms.). Hacia el medio de la viga se levanta hasta un tirante el techo dos postes que llaman guiaderas, porque impiden que la viga se ladea a uno y otro lado. El piso del lagar está en declive hacia un pilo(5) de cabida de 300 arrobas (unos 50Hls.) por lo regular, cuadrado y cubierto con tablas o con un enrejado de madera, o castillo de madera(3).

 

Molida, pues, la uva con un azadón o mazo largo, se forma un montón de figura de un queso debajo de la viga y lo más inmediato que se puede a las merinas: rodéase el montón con una soga de mimbre de 22 hasta 34 pies de larga, y encima se ponen juntos tablones de cinco dedos de grueso, algo más largo que el pie o montón de uva: sobre ellos se cruzan unos maderos cuadrados y gruesos de cuarta y aún tercia en cuadro, que llaman marranos, en la dirección de la viga, y sobre éstos atraviesan otros tres maderos llamados puentes sobre los que descansa la viga para hacer la presión. Mientras se hace todo esto, está levantada la viga por la parte del husillo, y baja por el otro extremo, que se calza por encima para asegurarlo en aquella situación: luego se anda el husillo en sentido contrario y hace bajar la viga hasta que queda colgada la piedra, y así se comprimen con esta fuerza de palanca de 30 a 50 cargas de uva en cada pie, y lagares grandes que exprimen cada vez de 80 a 120 cargas. De cinco en cinco horas se deshace cada pie(4) y se vuelve a formar hasta tres veces para darle otras tantas prensas. Cada carga de de 4 a 6 cántaros de mosto (de 64,5 a 96,5 litros).

 

(A.M.D.: "De la agricultura del partido de Medina del Campo" (in) Semanario de Agricultura y Artes dirigido a los Párrocos, p. 391.)

 

El método enológico de la Tierra d Medina pretendía como objetivo esencial la obtención de un blanco muy claro y puro, carente de viso o color dorado, y, a la par, hacer posible la crianza o añejamiento de parte de ellos. Ambas pretensiones originan unas modalidades peculiares tanto en el proceso de elaboración seguido en el lagar como en los medios utilizados para la conservación de los mostos, primero, y de los vinos, después, en las cubas.

 

La primera de las exigencias, la claridad de los vinos, impone unas técnicas especiales ya desde el primer momento en el lagar(Los lagares de Tierras de Medina no difieren, en líneas generales, de los habituales en Castilla la Vieja: son del tipo de prensa -romana- o, más frecuentemente llamado en la comarca de -viga y piedra-. Para conocer su estructura véase la figura 1 y, y al pié, la descripción que del mismo aparece en el Semanario de Agricultura y Artes del 17 de diciembre de 1801.). Para que el mosto permanezca en éste el menor tiempo posible en contacto con el hollejo de la uva y el rampojo de los racimos y evitar de este modo, bajo la acción del calor, una primera fermentación que, con la liberación del tanino, entintaría o daría "viso" al mosto blanco, se proceda a un prensado pronto y rápido, a diferencia de lo que es habitual en las zonas orientales de Castilla la Viejas(-Sistemas de fabricación  de vinos en la Bibera del Duero- (in) Gaceta de Agricultura del Ministerio de Fomento, T. 3, núm. 3, año 1877, pág. 285 y ss. ). La labor de la pisa, mediante los pies y los mazos y azadones, y la triple labor de prensado con sus correspondientes cortes del "pie", por el procedimiento de la prensa "romana", han de efectuarse, pues, en un corto periodo de tiempo: uno, dos o, a lo sumo, tres días. Esta necesidad impone unas dimensiones en el lago y en el pilo del lagar menores que en otras zonas. El primero posee en Tierra de Medina un volumen capaz de prensar un pie de sólo 30 a 50 cargas de uva o, a lo sumo, en los lagares más grandes, de 80 a 120 cargas. El pilo, por su parte, como cada carga de uva suele proporcionar un volumen de 65 a 5 litros de mosto, tiene una cabida media de 50 Hls(Compárese esta dimensiones con las que son propias de los lagares de la Ribera Burgalesa;  en ésta la cabida del depósito grande es de 700 Hls. y la del pequeño, de unos 280 Hls. -sistemas de fabricación de vinos de la Ribera del Duero-... págs. 285 y ss.). (Ver figura 1).

 

A medida que tiene lugar la pisa y prensado de la uva, se va trasegando el mosto a las cubas; entonces comienza la primera fermentación, la tumultuosa, para facilitar la cual se deja un vacío prudencial. También en esta fase de imperativo de la máxima blancura de los vinos marca su impronta; mientras la Tierra del Vino y de Toro al mosto envasado se le añade la madre, es decir, racimos, uvas u orujo, para ayudar a la fermentación, en Tierra de Medina, en cambio, el mosto fermenta sólo. Esta circunstancia no sólo determina unos caldos sin "viso", sino que, además, incide en las características de la fermentación . En este último aspecto también la cabida de las cubas tienen su misión, contribuyendo a que los vinos de la comarca conserven "largo tiempo el principio azucarado", rasgo, al parecer, en que se basa su mejoramiento a medida que pasa el tiempo(F. Salas: Cartilla de hacer vino..., pág. 89). En efecto, las cubas , que son de madera de roble o castaño, como fruto de un intercambio comercial con el Norte, tiene unas dimensiones normalmente de 25 a 50 Hls., llegando sólo en ocasiones a 80 ó 100 Hls. Este tamaño, aunque relativamente grande para la conservación del mosto una vez cocido, resulta más bien pequeño para un perfecto acabado de la fermentación tumultuosa. El resultado de uno y otro hecho es una fermentación más corta en los blancos que en los tintos, la cual, de este modo, es imperfecta también, quedando retenida, sin ser sometida a la transformación espirituosa o alcohólica, una importante cantidad de azúcar del mosto.

 

De fermentar tales azúcares se encarga una segunda fermentación, también llamada, por su carácter, "lenta" o "secundaria", general en todos los vinos, y que se realiza con la boca de la cuba tapada ya con yeso. Pero para que su desarrollo sea el adecuado en los mostos blancos, aparte de los vasos de tipo medio, que son usuales en la comarca, necesita también unas bodegas dotadas de unas temperaturas constantes, requisito que, al parecer, presentaban las de Tierra de Medina por la gran profundidad que alcanzaban(AMD.: -De la agricultura del partido de Medina-..., pág. 392; S. de Miñano Bedoya: Dicionario Geográfico..., Tomo VII, año 1827, pág. 377, y A.M.A., Leg. 87, exp. núm. 45, año 1885, Información vinícola de la provincia de Valladolid... ). Durante esta fermentación los caldos van adquiriendo una progresiva mejora, a medida que van logrando sus típicas características de aroma, sabor rancio y fuerza.

 

Pero en los vinos blancos solía ser frecuente que, una vez acabada la fermentación lenta por consumo del fermento, en virtud de las condiciones en que todo el proceso se desarrolla y de las características de la uva verdeja, quedará, no obstante, parte de la sustancia azucarada sin mezclarse con el citado fermento. Gracias a ello, "con tal que la temperatura sea constante", no sólo disminuye el riesgo de perderse el vino, sino que "con el tiempo aumenta su vigor y espíritu, al paso que el azúcar se transforma en esto o estrecha sus vínculos con los demás principios(F. Salas: Cartilla de hacer el vino..., pág. 89, y A. García de la Puerta: Tratado práctico del cultivo de la vid..., T. II, pág. 50.). En efecto, cantidades importantes de estos vinos se añejaban. Para ello, normalmente se conservaban el las cubas habituales con la única atención de rellenarlas de vino de idéntica calidad; sólo los vinos que habían de añejarse durante más de tres años pasaban a las cubas de cerezo, cuya reducida capacidad oscilaba entre los 50 y los 150 litros. Y en este sentido tales recipientes se mostraban muy a propósito para su cometido, de modo que "vino de cerezo" equivalía a "vino añejo" por excelencia.

 

Las manipulaciones de mostos y vinos, una vez encubados, eran mínimas, siempre que la conservación de los mismos no estuviera en peligro. La única operación habitual, como preparación anterior a su venta, era la de la clarificación. Para contrarrestar los efectos colorantes de la heces que permanecen en las cubas y lograr, así, una mejor presentación del producto. Los caldos eran tratados, por lo menos durante el siglo XIX, mediante tres prácticas consecutivas. La primera era el azufrado; la segunda el derrame de determinadas materias orgánicas, realizado cinco o seis días después de la anterior, y finalmente, la clarificación mediante una arcilla especial en el último cuarto de la luna de marzo. Sin embargo, la primera de estas operaciones no era habitual todavía en el siglo XIX; y en siglos anteriores, a juzgar por la documentación, era desconocida como práctica enológica.

 

Por el contrario, el uso de substancias orgánicas, así como el de arcilla, tubo un amplio uso ya desde el siglo XVI, que sepamos. Mediante las primeras se lograba no sólo una clarificación de los caldos, sino que también servía para "adelgazarlos y prepararlos para su consolidación". La más usada de ellas era la sangre de toro, vaca o cerdo, en una cantidad apreciable, de 8 a 12 litros por cada 15 Hls. de vino; su aplicación tenía lugar vertiéndose lentamente, para lo cual caía por la mano, a la par que se removía el espacio con un palo procurando no llegar a la hez del fondo. Otras veces se empleaba también, sobre todo, en el siglo XVI clara de huevo o leche provista de nata, por lo que el Concejo de Medina llegó a prohibir la fabricación de las ricas y famosas natas de la ciudad (J. López Osorio: -Principio, grandeza y caida de la noble villa Medina del Campo- (in) I. Rodríguez Fernández: Historia de Medina del Campo..., págs. 45-46; y G. Moraleja Pinilla: Historia de Medina..., pág. 218).

 

En virtud del origen y cantidades empleadas de estas substancias, el mejoramiento de los vinos por tal procedimiento ocasionaba, sin duda, un costo importante; por ello, ya desde el siglo XVI, cuando aún no se debía de conocer la cantera de "tierra de la Nava", se usaba en Medina una arcilla muy fina originaria de Esquivias (Toledo), lo que por otra parte nos da idea de la importancia comercial alcanzada por los vinos de la Tierra, capaces de soportar un transporte de aquella desde lugares tan alejados ( G. Moraleja Pinilla: Historia de Medina..., págs. 218-219). Los costos descenderían con posterioridad cuando se descubrieron las cualidades idóneas que poseía para la clarificación la mencionada "tierra de La Nava", muy fina y pura-que pertenecía a la Mancomunidad de la Villa y Tierra de Medina-, al igual que la de Pozaldez o incluso la de Berceros, fuera ya de la comarca, para los términos más alejados de aquella (A. Huetz de Lemps: Vignobles et vins du Nord-Ouest de l´Espagne... T.I. pág. 330). Disuelta la arcilla previamente en agua, en la que se mantenía durante dos días para que se limpiaran sus impurezas y se formara una especie de lechada, y mezclada anteriormente en un pozal con vino extraído de la cuba que se iba a tratar, se la vertía en ésta, mientras se la iba removiendo, en una proporción de unos 10 Kgs. por cada 15 Hls. de vino. Mediante su aplicación se eliminaban no sólo las impurezas, arrastrándolas al fondo de la cuba, sino que, además, se lograba neutralizar los ácidos del vino, ocasionando, pues, también una mejora de su calidad.

 

Una calidad no exenta de defectos; las deficiencias en el método de elaboración y sus causas

 

Pruebas y testimonios de diversa índole sobre las deficiencias de los vinos blancos de Medina y su Tierra hemos encontrado desde el mismo siglo XVI. En las declaraciones de cosechas obstenidas desde 1592 a 1595 por el gremio del vino de Medina figura siempre una parte importante de vinos nuevos que tuvieron que "verter por las calles por ruines", en una cuantía siempre superior a los 2.500 moyos para un aforo total de sus bodegas de 15.000 a 17.000 moyos, lo que representa un porcentaje en torno al 20 por ciento. En algunos casos el mal se extendió a toda la producción de algunos cosecheros, como le aconteció a don Baltasar de Estrada, que "vació 9 cubas, que tenían más de 150 moyos", es decir, unos 390 Hls.; e incluso a veces la enfermedad hacía presa también en los vinos añejos, como en 1594 en que de 6.315 moyos de vino añejo y trasañejos hubo que vender a muy bajo precio 740 por ruines (A. G. S. Expedientes de Hacienda. Leg. 125, exp. núm. 13, fº. 8.).

 

Aunque la finalidad fiscal de tales declaraciones podía abultar las cantidades de vinos perdidos, el hecho de las imperfecciones queda, pues, claramente atestiguado. En esta línea deben interpretarse también las rígidas medidas tomadas, a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII, por el Concejo de Medina a favor de la clarificación más perfecta convirtiendo el mal aclareo en el responsable de las deficiencias que sufrían sus vinos (G. Moraleja Pinilla: Historia de Medina..., págs. 216-219.). Estos, como era lógico, continuaron produciéndose durante el siglo XVII y el siglo XVIII. Un pleito sostenido por Medina contra los pueblos de su Tierra por los años de 1626 y siguientes achacaba a éstos la pérdida del buen crédito de que antaño gozaban los vinos de la ciudad, como consecuencia de la introducción en las bodegas de esta ciudad del mosto procedente de los viñedos de la comarca, dotados -se decía- de peor "beduño" (A.H.N. Consejos. Leg. 24987, exp. núm. 10, año 1626 y Leg. 35355, exp. núm. 5. Medina del Campo, año 1750-54.). Por otra parte los aforos de cosechas de diversos lugares de la Tierra, realizados durante los siglos XVII y XVIII, siempre presentan un número variable de cubas cuyo vino se había convertido en vinagre.

 

A pesar de que durante estos siglos la comarca padeció en su economía las consecuencias de las imperfecciones de los vinos blancos, no supieron, sin embargo, ver su auténtica raíz, de modo que atribuyeron aquellas a factores siempre ajenos al método de elaboración. Fue en el siglo XIX, como fruto de las nuevas corrientes científicas que vivificaron los conocimientos agrícolas, cuando se derrumbó el mito, nacido a principios de los tiempos modernos y mantenido durante siglos, de la gran perfección de los vinos blancos "de Medina" o "de La Nava", a la par que se buscaron las auténticas causas originarias de sus frecuentes enfermedades. Autores extraños a la comarca e incluso los propios cosecheros de la Tierra empezaron, entonces, a tomas conciencia de éstas, como lo evidencian las respuestas al Interrogatorio vitivinícola de 1884 (A.M.A. Leg. 87, exp. núm. 45: Información vinícola...). Entre los primeros destaca el ingeniero agrónomo Daniel de Cortázar y aún antes y con mayor fuerza, García de la Puerta, autores tantas veces citados a lo lardo de este trabajo.

 

De ambos, es éste, sin duda, el gran develador de las imperfecciones de los vinos blancos, aunque sus denuncias -pues tal es su vía de expresión en este asunto- estén teñidas de un lenguaje polémico y un tanto deformante (A. García de la Puerta: Tratado práctico del cultivo de la vid... Tomo I, págs. X y 81-82). Como pruebas irrefutables de sus afirmaciones señala la existencia en Tierra de Medina de numerosos curanderos dedicados a remediar las enfermedades de sus caldos, y la generalización, asimismo, de la práctica de recubrir con pez los utensilios relacionados con el vino, desde las cubas hasta los jarros, como medida de seguridad para que aquel no se altere; pero que parecía ser perjudicial en otros aspectos, como el de su sabor (A. García de la Puerta: Tratado práctico del cultivo de la vid... Tomo I, págs. X y 81-82). Así, sabemos que a finales del siglo XIX los franceses, que importaban vino blanco de la comarca, pedían a los cosecheros que conservaran los caldos en cubas limpias, desprovistas de pez (A.M.A. Leg. 87, exp. núm. 45: Información vinícola...). Al mismo tiempo García de la Puerta hacía ver que todos los achaques provenían del método de elaboración seguido por los cosecheros, llegando a afirmar, aunque en una perspectiva generalizante, que "lo que regularmente ejecutan es diametralmente opuesto a los verdaderos principios y a los mismos fines que se proponen en todas sus operaciones" (A. García de la Puerta: Tratado práctico... T. II, pág. 79). Tal juicio también es aplicable en parte a la Tierra de Medina, pues aunque ésta mostraba una superior racionalización vinícola, especialmente en cuanto a la rapidez del prensado, en el resto de las operaciones, por el contrario, era asimilable al conjunto regional, tanto por la carencia de unas, como por los riesgos que otras implicaban.

 

Está, pues, claro que los vinos de la comarca han venido padeciendo a lo largo de la historia una serie de defectos, para cuya corrección los cosecheros habían de acudir a prácticas enológicas esporádicas con carácter de remedio. Una alteración bastante frecuente era su excesivo grado de acidez, que incluso daba lugar a la conversión de una parte en vinagre. En este segundo caso no cabía otra alternativa que arrojarlo. Pero si el mal no estaba muy avanzado, se procuraba remediar aquella; para ello, se solía acudir al "cabeceo", mediante la adición de vino añejo o alcohol destilado de vino, en una proporción adecuada (Esta práctica se usaba ya desde principios del siglo XVII, por lo menos. Véase A.H.N. Consejos. Leg. 24987, exp;  núm. 10, año 1626: Pleito de Medina con su Tierra... E igualmente era corriente en tales casos a finales del siglo XIX. A.M.A. Leg. 87 exp. núm. 45, año 1885. Información vinícola...); incluso el uso de la famosa arcilla blanca de La Nava servía para este fin, pues, según afirmación del propio García de la Puerta, era "casi capaz, bien aplicada, de convertir el vinagre en vino o el muy picante en vino potable, según la experiencia" ( A. García de la Puerta: Tratado práctico del cultivo de la vid. T. II pág. 182).

 

Pero el más común y general de los defectos entre vinos blancos era la traba(F. Salas: Castilla de hacer vino... págs. 91 y 92 y D. de Cortázar: Descripción física-agrológica... de Valladolid... pág. 191.). Ésta consiste en una pérdida de la liquidez del caldo y en la adquisición, en cambio, de una textura gruesa o espesa, llegando a formar hebra como el aceite. Al ser su causante una fermentación imperfecta, el remedio, pues, ha de ser conseguir estimular ésta. para ello se arrojaba en la cuba "arrope"(El arrope se obtiene haciendo hervir el mosto, que puede haber sido saturado anteriormente con caliza blanca y al que se puede también ayudar mediante la adición de azucar.) o se calentaban las bodegas hasta alcanzar la temperatura necesaria; y luego, una vez bien fermentada la cuba, se trasegaba su vino a otra, azufrada previamente. Si la práctica no surtía efecto, no cabía más opción que destilar el vino trabado para fabricar aguardiente. Oras deficiencias a que también estaban expuestos nuestros vinos era la pérdida o no consecución de fuerza, tornándose, por tanto, flojos o débiles, y, en otro aspecto, la posibilidad de torcerse, es decir, de perder el color blanco. En el primer caso había que cabecear la cuba dañada; y para que recobrara su color, había que proceder a las típicas prácticas clarificadoras que, en circunstancias normales, sólo constituían una labor de presentación del producto, previa a su exhibición en el mercado.

 

Las deficiencias en el método de elaboración.- Es evidente que la causa última responsable de las alteraciones padecidas por los vinos blancos reside en las condiciones climáticas de la comarca, muy similares, en grandes rasgos, a las del resto de la región castellano-leonesa. Éstas, en efecto, agravadas por las servidumbres colectivas, dan lugar a la realización en multitud de ocasiones, también en la comarca, de una vendimia carente de las adecuadas condiciones de madurez en las uvas, como se ha señalado en otro capítulo; en semejantes circunstancias es frecuente la falta de azúcares o el exceso de agua en el fruto(A. García de la Puerta: Tratado práctico del cultivo de la vid... Tomo I, pág. 238.). Frente a estas condiciones naturales de base, el método de elaboración de los vinos blancos, en lugar de apuntar preferentemente a su posible corrección, se propone como objeto fundamental y casi único el logro de un caldo muy claro. Como consecuencia el mosto producido fermenta frecuentemente de una manera imperfecta, ocasionando vinos débiles y ácidos y con otras alteraciones características.

 

Sin embargo, aún en el estado de los conocimientos de época, eran posibles unas prácticas enológicas más racionales desde el punto de vista técnico. A tres fases de la fabricación vinícola debía de afectar éstas, según los autores del siglo XIX: La primera se refería a la preparación de la uva antes de someterla al proceso de elaboración; la segunda afectaba a la fermentación, y la tercera, a las operaciones posteriores tendentes a lograr una correcta conservación de los vinos. De éstas, en nuestra comarca se realizan algunas, y sin tener su uso un carácter generalizado, sólo a finales del siglo XIX.

 

La preparación del producto para facilitar la fermentación se podría realizar mediante su oreo, difícil en la comarca; o, mejor, mediante el uso de absorbentes en la uva o en el mosto para eliminar el exceso de agua o de acidez, o también tratando a a éstas con azúcar o arrope para contrarrestar la falta de sazón. Pero tales cuidados eran desconocidos; sólo a finales del siglo XIX encontramos en Alaejos el uso de "yeso" o espejuelo para ayuda de la fermentación(A.M.A. Leg. 87, exp. núm. 45, año 1885: Información vinícola.). Ésta, por otra parte, es verdad que ofrecía la ventaja de realizarse en la cuba después de sólo un breve periodo (2 ó 3 días) de pisa y prensado en el lagar. Pero, al no añadir "madre" a las cubas, por preservar el color del blanco se procedía "contra el orden regular y natural", sobre todo en años de maduración deficiente de la uva, pues aquella posee la virtud de vigorizar el mosto, aunque también le dote de "viso" o color dorado(A. García de la Puerta: Tratado práctico  del cultivo de la vid... Tomo I, pág. 300.). De este modo, la pérdida de fuerza del mosto y, en consecuencia, la producción de un vino flojo y expuesto a perderse es un mal que con frecuencia se cebaba en los caldos de la Tierra de Medina.

 

Por último, si este tipo de fermentación era la norma habitual, tampoco estaba generalizada, una vez acabada ésta, la práctica del trasiego del líquido, complementando con el correspondiente azufrado del nuevo vaso. Sin embargo, esta operación, al eliminar el contacto de las heces con el vino y, por tanto, la posibilidad de una fermentación nefasta, hubiera redundado en beneficio de una mayor clarificación y, sobre todo, hubiera proporcionado a aquél una mayor estabilidad; por ello, García de la Puerta no dudaba en tachar la conducta opuesta de "contraria a los principios del arte"(A. García de la Puerta:  Obra citada... Tomo I, pág. 19.). Y ésta era precisamente la que privaba en la comarca. El trasiego durante la Edad Moderna afectaba a algunos añejos que se cambiaban a un tonel de cerezo; pero, como medida adoptada después de la fermentación, sólo comienza a introducirse a comienzos del siglo XIX( T. de Araujo: Memoria sobre la confección  y elaboración  de los vinos. (in) Colección disertación sobre varios puntos agronómicos. Madrid, 1819, pág. 352.), y a finales del citado siglo seguía siendo una práctica muy poco frecuente entre los viticultores y que de ninguna manera afectaba a toda la cosecha(A.M.A. Leg. 87, exp. núm. 45: Información vitivinícula...). El azufrado, por su parte, sólo se empleaba en las cubas que quedaban semivacías después de una venta, como práctica destinada a la clarificación o como medida de desinfección llevada a cabo, con las cubas vacías, antes de la mostería; pero como norma subordinada al trasiego no era, lógicamente, frecuente.

 

Las causas socioeconómicas.- Si a pesar de ser conocido ya en la época unos procedimientos enológicos sencillos, pero de indudable eficacia, éstos no se llevaban a cano en Tierra de Medina con carácter general, ello se debía a unas determinadas circunstancias socioeconómicas, cuyo alcance es preciso poner de relieve.

 

La estructura de la propiedad de los medios de elaboración conservación del vino constituye, sin duda, un primer hecho que condiciona las vías seguidas por la comarca en la vinificación y, por tanto, en su oferta comercial. A juzgar por los datos del Catastro de Ensenada para mediados del siglo XVIII, extensible con seguridad a toda la época moderna, la propiedad de los lagares es casi exclusiva de un reducido grupo de viticultores, sin que exista apenas la modalidad de copropiedad de varios vecinos o "aparcería". Formaban parte del grupo propietario los grandes labradores, parte de los medianos, una importante proporción del clero y algún vecino más capaz del sector secundario y terciario, como abogados, escribanos y maestros de obras; quedaban. en cambio, al margen la mayor parte de los propietarios foráneos, que poseían en general sus medios en el lugar de residencia, la totalidad de los jornaleros y las gentes de oficios modestos, así como los labrantines.

 

La reducida posesión de los lagares es explicable por la fuerte inversión en un momento dado que aquella supone; por ello la propiedad de las bodegas está mucho más generalizada, participando en ella, ya en bloque, el escalón de los medianos viticultores: Sólo era cuestión de ir picando bajo la causa durante el invierno a la luz de una vela. Por añadidura existía la posibilidad de unión en el trabajo y, por tanto en la posesión de la cueva, de varios vecinos, de modo que ésta aparece frecuentemente dividida en varios cañones, cada uno de los cuales pertenece a un dueño distinto. Si consideramos que algunos grandes cosecheros poseían varias bodegas, pero que también había un número relativamente importante de bodegas compartidas entre varios propietarios, es lógico deducir que la mitad, o incluso, más de los propietarios vitícolas vecinos tenían parte de estas construcciones vinarias. Pero con mayor facilidad aún se podía entrar en posesión de una cuba o "basto"; para ello bastaba el intercambio del propio vino por las "duelas" de roble y castaño y a los arcos de olmo que aportaban los arrieros montañeses en sus descensos a Castilla; de esta circunstancia deriva una mayor participación de los viticultores en el concepto de medios de envase. Considerando solamente a los vecinos viticultores, el porcentaje se eleva a más de dos tercios. Tal posesión era casi completa entre los eclesiásticos dueños de viñas y entre los cosecheros seglares; en cambio, era muchos menor que el resto de los viticultores, faltando casi en absoluto entre los jornaleros.

 

Pero como es lógico, la capacidad de envase entre los dueños de cubas era diversa. En este aspecto el rasgo más destacable era la gran desigualdad existente. Un tercio de aquellos, cada uno de los cuales participaba con unos niveles siempre inferiores a los 65 Hls. de capacidad de encubaje, apenas lograban rebasar el 5 por ciento del almacenamiento total, mientras que otro tercio de propietarios de cubas, que ocupaban los escalones más importantes, con una capacidad siempre superior a los 200 Hls., reunían algo más de las tres cuartas partes de la capacidad total. El contraste resulta aún más nítido si se tiene en cuenta la categoría superior de la capacidad de envase, por encima de los 500 Hls. Entonces se percibe que sólo un 10 por ciento de los dueños de cubas acaparan casi la mitad de la capacidad total.

 

Ello, evidentemente, sólo es posible por un reparto desigual, entre los diversos grupos sociales, de los medios de conservación de los caldos. Así, el envase inferior a los 65 HLs. es atribuido a los jornaleros. Este nivel de capacidad es también el mas habitual entre las gentes de servicios y artesanos, aunque este grupo alcanza, además, las categorías medias y superiores de encubaje. Pero estas últimas, por encima de los 500 Hls., eran patrimonio casi exclusivo de los eclesiásticos y grandes labradores, sin que tampoco faltara una apreciable representación de los pequeños labradores en los escalones inferiores de almacenamiento y este grupo nutriera también las categorías medias del mismo.

 

De la estructura de la propiedad de los medios de elaboración y conservación del vino, que hemos expuesto, se deriva una consecuencia económica de gran trascendencia en cuanto a las posibilidades enológicas de los viticultores: Una importante proporción de éstos, quizá un tercio e incluso más, al carecer de instalaciones e instrumental vinícola propia, están en una situación de incapacidad practica de costear una esmerada fabricación de sus vinos, e incluso parte de ellos de elaborar el productos de sus viñas. En efecto, un número relativamente importante de pequeños viticultores se veían precisados a acudir al arrendamiento de alguno de tales medios. Unas veces se accedía por esta vía al uso de las cubas, y otras, más sin duda, al de las bodegas; pero donde debía proliferar la necesidad de contar con la propiedad ajena era en los lagares. La carga económica, por tal concepto, que la vinificación y almacenaje representaba para ello, les impedía atenciones especiales en el método de elaboración, mas aún si tenemos en cuenta que en su generalidad eran nulas las posibilidades de destino comercial de sus caldos. Ante la imposibilidad de pagar tal carga y apremiados por diversas obligaciones pecuniarias en concepto de deudas e impuestos diversos, parte de los pequeños viticultores se veían forzados a ofrecer el producto de sus viñas, en su totalidad o sólo en parte, a los grandes cosecheros y regatones del lugar o de los pueblos comarcanos, especialmente de los más importantes centros vitícolas. Unas veces se hacía la venta en forma de uva y otras, en mosto que aún no había alcanzado el estado del vino. Esta circunstancia nos explica la capacidad de almacenaje de los grandes cosecheros, superior a la producción que ¡normalmente obtenía de sus viñedos: Parte de este envase se destinaba al añejamiento; pero otra parte se llenaba mediante mosto procedente de la compra del producto ajeno.

 

Si los viticultores pequeños quedaban al margen de una vinificación adecuada e incluso algunos de ellos si siquiera elaboraban el mosto, los medianos, por su parte, también carecían en general de capitales suficientes para cometer semejante empresa(A.H.N. Leg. 87, exp. núm. 45: Información...). A este nivel de cosecheros las labores de cultivo de las viñas se había de ejecutarse en parte, por aquellos que superaban las 10-15 has., acudiendo a jornaleros agrícolas. La necesidad de mano de obra ajena a la explotación se tornaba más perentoria en la época de vendimia y mostería para las diversas operaciones que había que simultanearse. Otros gastos era preciso realizar anualmente en el mantenimiento de los propios medios de elaboración y envase, como arreglo, la limpieza y reposición de cubas, y, con bastante frecuencia, en el arrendamiento de éstas, de bodegas y, sobre todo, los lagares.

 

Si una propiedad vitícola de tipo medio puede afrontar, con un margen de comodidad más o menos estrecho, según sea aquella, los costes vitivinícolas enunciados, ello sólo es posible gracias a un rígido control de la municipalidad sobre los mismos, al regular todos los trabajos asalariados que implican. Pero carecen, en absoluto, de posibilidades para mejorar la calidad d los vinos mediante las prácticas enológicas que serían deseables: Gran parte de ellos han de dar pronta salida a su producción para satisfacer necesidades de consumo familiar y pago de deudas, rentas e impuestos, y otros carecen de los ingresos que serían necesarios para atender los nuevos jornales a que tales prácticas darían lugar. En este sentido es significativo el hecho de que los cosecheros de este grupo nunca dediquen parte de su cosecha para añejar, a no ser por obligación.

 

Solamente, pues, los grandes cosecheros, dotados de importantes recursos económicos, poseían llevar a cabo una elaboración más perfecta, en la medida en que lo permitían los conocimientos de la época. Sin embargo, hay dos circunstancias comerciales que van a anular, en gran parte, esta posibilidad. La primera consiste en el tipo de demanda que se produce: Esta se oriente preferentemente al color más que a la fuerza y calidad del vino; lo que se pide, sobre todo por las gentes de las montañas cantábricas, es un vino blanco muy claro y puro, que carezca en absoluto de "viso" a ser posible. A la satisfacción de esta condición de la demanda tiende precisamente el método de elaboración seguido de Tierra de Medina. Pero la consecución de esta característica en los vinos lleva consigo, como hemos visto, un modo de fabricación, especialmente en la fase de fermentación, que implica evidentes riesgos en el caso de resultar ésta fallida(A. García de la Puerta: Tratado práctico del cultivo de la vid... Tomo I, pág. 300 y Tomo II, pág. 23.).

 

No obstante semejante método enológico no es óbice para que los grandes cosecheros puedan realizar unas prácticas complementarias conocidas, anteriores y posteriores a la fermentación, y que eliminaría gran parte de los males que aquejaban a los blancos de la Tierra. Si tal conducta era casi enteramente desusada, se debía a otro factor: la proclividad del gran cosechero y, más aún, del regatón puro al negocio fácil. En efecto, antes que dirigir sus inversiones a la obtención de un producto aún más cualificado, prefería, basándose en la superioridad de los vinos de la comarca sobre la gran mayoría del resto regional, que le aseguraba su venta, multiplicar la cantidad mediante las compras de un¡va o mosto de los pequeños viticultores. La diferencia a su favor entre el precio de compra y el de venta superaba, sin duda, los riesgos de un método enológico que distaba de ser perfecto. Los beneficios, mediante un simple procedimiento de reservar parte del vino almacenado de un año para otro, especialmente cuando se esperaba una mala cosecha, se podían multiplicar conjugando la práctica del añejamiento con el juego a la escasez.

 

Únicamente a finales del siglo XIX, coincidiendo con una nueva coyuntura económica general en el comercio de los vinos, se va esbozando una nueva actitud en las prácticas vinícolas aunque sea de una manera tímida aún, y que no afecta de igual forma a todos los pueblos y a todos los cosecheros; A ello contribuyen dos circunstancias: comercial, la una y técnica, la otra. Por estas fechas la demanda de vinos comienza ya a prestar más atención a la calidad que al color -"aunque tenga un color dorado", se dice-; lo que se debe, en parte, a las exigencias de una cierta comercialización exterior, colonial o francesa. Por otra parte los nuevos sistemas de prensado moderno, que comienzan a adquirir algunos grandes viticultores, abaratan los costos de elaboración de los vinos permitiendo mejorar, de paso, su calidad(A.M.A. Leg. 87, exp. núm. 45: Información  vitivinícola...). De todos modos, el proceso de cambio, en la citada época, sólo aparecía iniciado, de modo que el volumen de producción afectado debía de ser muy escaso todavía.

 

III LA GRAN EXPANSIÓN COMERCIAL DE LOS CALDOS DE MEDINA

 

La superior calidad de los vinos blancos de Medina y su Tierra fueron un factor esencial de la gran extensión alcanzada en el cultivo vitícola dentro de la comarca y muy principalmente dentro del término de su villa capitalina; pero sólo de manera indirecta, es decir, a través del decisivo fomento de la salida comercial del producto, pues su destino masivo era la venta para el propio consumo comarcal, particularmente de la ciudad de las ferias, y, más aún, para el consumo de su basto entorno regional y extrarregional.

 

La gran importancia de los volúmenes comerciales

 

Existen, pues, dos tipos de salidas comerciales para los vinos; las ventas al por menor, realizadas casi exclusivamente en las tabernas o puestos similares y que se destinan al consumo local o de las gentes de paso, y las ventas al por mayor, realizadas mediante corredores, nombrados por los concejos, a los arrieros y que tenían un destino extracomarcal más o menos distante.

 

Las primeras eran, en general, muy escasas por razones obvias. Solamente en los núcleos más poblados o al sur de la campiña, donde la propiedad vitícola estaba más concentrada, tales ventas adquirían un mayor desarrollo. Sin duda en este aspecto el centro más destacable era Medina durante el siglo XVI, como consecuencia de la gran afluencia a las ferias y el particular carácter de una población urbana. Por ello, frente a la escasa reglamentación la mayoría de los centros comarcales en materia de ventas detallistas, la capital ofrece, en cambio, una profusión normativa, señal inequívoca de la importancia concedida a esta vía de comercialización de sus caldos. Pero durante el siglo XVI, en que Medina vive el esplendor de su actividad comercial, hay una gran libertad en este capítulo vinícola, que nos impide una mínima evaluación global de los volúmenes de caldos vendidos al detall.

 

En efecto, las tabernas de particulares abundan, no existiendo, en cambio, ninguna pública o concejil; en consecuencia, cada cosechero y regatón trata de establecer varias para sacar el máximo partido de una importante demanda. En tales circunstancias no faltaban frecuentes irregularidades que el concejo, mediante oportunas ordenanzas, trataba de evitar o, al menos, de disminuir, atento, por una parte, a proteger a los visitantes de las ferias y a los burgueses establecidos en la ciudad y, por otra, a eliminar el fraude fiscal y, en última instancia, a defender al gremio del vino. Así, cuando el aumento de los precios -lo que solía suceder en el período de ferias- se consideraba excesivo, se les fijaba un tope máximo (Libro de acuerdos del concejo de Medina del Campo, años 1571-79, fº 6, recogido por C. Espejo y C. Paz: Las antiguas ferias de Medina del Campo. Valladolid, 1908, 342 págs.  Cf. pág. 201.); e igualmente se atendía a la calidad prohibiendo "adobar el vino con cal, ceniza, greda y otros ingredientes" (B.N. Ms. 5944, fº 93 vto. Ordenanzas sobre tabernas. Año 1571.). Además se aseguraba el pago de impuestos mediante diversas prácticas, como la realización de aforos después de vendimias, la petición de permiso para poner canilla a una cuba o las diversas inspecciones de bodegas a lo largo del año (Ordenanzas del comercio del vino de 1594 de Medina.  Capítulos recogidos por G. Moraleja Pinilla: Historia de Medina... pág. 216 y 216, y B.N.Ms. 5944: Acuerdos del concejo de Medina. fº 124 y 135.), y, a pesar del gran consumo y demanda del vino blanco, se protegía su salida comercial prohibiendo la introducción e caldos procedentes de otras regiones y la venta de vino tinto no producido por los cosecheros del término (Ver B.N.Ms. 5944: Apuntes para la Historia de Medina, fº 90; I.Rodríguez y Fernández: Historia de Medina... pág. 747 y E. Espejo y C. Paz: Las antiguas ferias... pág. 43.).

 

Si los volúmenes de caldos vendidos para el consumo de la ciudad, tanto de sus habitantes como de sus transeúntes, por fuerza habían de ser cuantiosos en Medina, las ventas al por mayor eran mucho más importantes, sin ninguna duda. Medina, en efecto, no sólo era, a la sazón, capaz de dar salida al vino producido en su término, en una época de máxima expansión de su viñedo, sino que además actuaba como intermediaria en la comercialización de parte de la cosecha de la Tierra a través de los grandes cosecheros y especuladores, pues éstos, como ya se ha señalado anteriormente, preludiando la figura posterior del bodeguero, adquirían en los pueblos circundantes parte de su cosecha, en uva o en mosto, para negociar con ella tras su crianza. Así, Medina en el período de 1592 a 1595 tenía un aforo de cosecha media anual almacenada en sus bodegas de 45.000 a 50.000 Hls., teniendo, sin embargo, sus vecinos una producción media anual de sólo 30.000 Hls. La diferencia estaba integrada, en parte, por vino añejo y, en parte, por adquisiciones de uva y mosto a viticultores de los términos cercanos. De semejante cantidad aforada, según, declaraciones del gremio de cosecheros, se vendían anualmente unas dos terceras partes, es decir, de 30.000 a 35.000 Hls. prescindiendo de los 8.000 que se perdían (A.G.S. Expedientes de Hacienda. Leg. 125, exp. núm. 13.).

 

En tales circunstancias el comercio del vino alcanzó un gran relieve en Medina. Hacia mediados del siglo XVI absorbía un importante número de personas directamente relacionadas con aquél; 43 contabilizaba Bennassar en el Censo de 1561, de los cuales 6 son corredores del vino (B. Bennassar: Valladolid au siecle d´Or... pág. 110 y G. Moraleja Pinilla: Historia de Medina ... pág. 214, nota 1.). Y, aún dentro del importante y variado comercio de una ciudad de ferias, su papel era igualmente notable: en el año 1522 el comercio del vino participaba en el encabezamiento de alcabalas de Medina, que superaba los 6 millones de maravedís, con cerca de medio millón, lo que representa un 8 por ciento (A.G.S. Expedientes de Hacienda. Leg. 125: Las Ferias de Medina del Campo.); y durante los años que van de 1547 a 1550, el gremio de cosecheros del vino, a pesar de no tributar los miembros eclesiásticos, contribuye con una cuantía de 200.000 a 250.000 mrs. y un porcentaje de 17 al 20 por ciento, siendo sólo superado en cargas fiscales por el gremio de las joyas y equiparándose por tal concepto al de paños, de entre los 16 gremios existentes a la sazón de Medina (Ver cuadro nº. 2).

 

Cuadro Nº 2

 

 

Participación en el reparto de alcabalas de los principales gremios de Medina y mediados del siglo XVI

Este papel comercial del vino se refuerza en la segunda mitad del siglo XVI a medida que se incrementa el viñedo, por una parte, y van a comenzar a decaer las ferias, por otra. El número de corredores llega a ascender a 12, a los que se añade un sobreestante; el concejo multiplica las ordenanzas para reglamentar al máximo el "ramo del vino" con la intención de evitar fraudes, y la ciudad va tomando conciencia de que "su principal caudal es el vino", frase que empieza a aparecer ahora en la documentación de Medina y que va a repetirse cada vez más en multitud de acuerdos concejiles como una expresión que se convierte en estereotipada(G. González Pinilla: Historia de Medina... págs. 213 y 214, nota 1.).

 

El importante papel desempeñado por Medina y, a mayor distancia por Alaejos en la comercialización del vino de la Tierra era fruto, en gran medida, de su tradicional carácter comercial; pero reforzaban los impulsos creados por este hecho las medidas tomadas por Madrid los cuales exigían como garantía de calidad un abastecimiento de las bodegas precisamente en Medina del Campo y Alaejos y no en otros pueblos de su Tierra. Semejante conducta, a la par que da primacía comercial a estos núcleos, va a provocar precisamente florecimiento de la especulación: muchos grandes labradores y otras personas burguesas, una vez decaídas las ferias de Medina, encuentran una nueva forma de inversión de su dinero en la compra de uva y mosto en los pueblos vecinos para su crianza y posterior venta a los arrieros(A.H.N. Consejos. Sala de Alcaldes de Casa y Corte. Libro 1594-1601, fº 82 y 150.).

 

Los factores de la expansión comercial

 

Más allá de unas circunstancias tan concretas e inmediatas, como las señaladas, hay que tratar de averiguar cuales fueron las razones más profundas de una vocación comercial tan nítida, asumida por los viñedos de Medina y, por extensión, a su Tierra. Entonces se llega a la conclusión de que fue el resultado del juego entre oferta y demanda de caldos en las regiones de Castilla-León y Cordillera Cantábrica, del que pudo sacar partido nuestra comarca en virtud de un factor geográfico, su situación, y de otro técnico, la gran calidad de sus vinos blancos, habiendo actuado como factor desencadenante una coyuntura especial, la importancia comercial de Medina en función de sus Ferias. Veamos, pues, como actuaron tales factores.

 

La proximidad a las regiones consumidoras

 

Las posibilidades de consumo del vino blanco de Tierra de Medina por parte de Castilla la Vieja-León y la Región Cantábrica era muy grande. Por distintas razones la demanda del caldo va a ser muy fuerte en el siglo XVI. A finales de la Edad Media y durante el siglo XVI Castilla la Vieja-León desempeñaba un gran papel en la vida económica de España tanto por su impulso agrario como sobre todo por el desarrollo artesanal y comercial. Si el primero lo protagonizaban numerosísimos núcleos rurales, el segundo se centraba en un abundante número de ciudades y pueblos mayores: así en 1571 había en esta región más de 50 entidades de población que superaban los 2.000 o 2.500 habitantes(A. Huetz de Lemps: Vignobles et vins du Nord-Ouest de l´Espagne... Tomo I, pág. 392.) De ellas en torno a una docena sobrepasaban los 10.000 habitantes, habiendo incluso cuatro granes ciudades (Valladolid, Salamanca, Segovia y Burgos) con más de 20.000 cada una. En estas circunstancias, el vino que ha sido considerado históricamente como un alimento esencial, tanto como el pan, encontraba un importante consumo entre la gran masa del pueblo, en una época en que Castilla y León contaba con 1,5 a 2 millones de habitantes(F. Ruiz Martín: La población española al comienzo de los tiempos modernos. (in) Cuaderno de Historia. Anexos de la Revista Hispania. 1. Madrid, 1967;  y del mismo autor: Demografía  eclesiástica hasta el siglo XIX. (in) Diccionario de Historia Eclesiástica de España.  Instituto Enrique Flórez. C.C.I.C. Tomo I. Madrid, 1972.). Y el vino de calidad experimentaba una demanda considerable entre las gentes poderosas de las florecientes ciudades castellanoleonesas, bien fueran burgueses y aristócratas o monasterios y alto clero. Por su parte, la región cantábrica con su medio millón de habitantes, que apreciaban sobremanera el vino, y dotada de ciudades portuarias, necesitadas de caldos finos, se sumaba a esta demanda, aunque fuera en un grado menor(En 1785, sin que creamos que la mentalidad hubiera cambiado respecto a siglos anteriores, afirmaba un procurador del Común de Santander: La materia del vino se debe regular en este país (obispo de Santander) como alimento indispensable por el clima húmedo y frío que le domina que le hacen más necesario que en otras provincias.  F. Barrera y Ferrer de la Vega: Prosperidad de Santander y desarrollo industrial desde el siglo XVIII. in Banco de Santander: Aportación al estudio de la Historia Económia de la Montaña. Santander, 1957. pág.  481 á 615. Cf. pág. 494.).

 

Una demanda tan importante posee en la época un abastecimiento u oferta peculiar, característico de las sociedades preindustriales. En un momento en que no existe un mercado nacional organizado, en el que la red de comunicaciones es muy deficiente y los medios de transportes resultaban lentos, difíciles y caros, la proximidad geográfica de los centros productores opera con una eficacia decisiva(Estas condiciones perduran en gran parte a finales del siglo XVIII y principios del siguiente. Véase D.R. Ringrose:  Los transportes  y estancamiento económico de España (1750-1850) Madrid, 1972. 222 páginas.). De ahí que para abastecer esta amplia demanda de vino existen abundantes viñedos en las propias regiones consumidoras(A. Huetz de Lemps: Vignobles et vins du Nord-Uuest de l´Esoagne... Tomo I, Segunda Parte, Capítulo II.). De estos , unos son de carácter meramente local o comarcal, incapaces de producir excedentes para un comercio extracomarcal e incluso de abastecer a la propia ciudad o comarca. Entre ellos de he de catalogar la totalidad de los existentes en la región cantábrica, por sus inadecuadas condiciones ecológicas, y una gran parte de los de Castilla la Vieja y león. Otros, en cambio, poseen un auténtico carácter comercial, destinados a un consumo más o menos lejano de los centros productores; entre ellos se cuentas los de Tierra de Campos, Tierra del Vino y e Toro, Tierra de Medina, Alaejos y Madrigal y Ribera de Aranda y Peñafiel. Por su parte también atienden el consumo de Castilla la Vieja-León y región cantábrica viñedos situados en su entorno, como los gallegos, los de la "Sierra" -al ur de la Cordillera Central- y los de La Rioja, aunque todavía no ha alcanzado su mayor apogeo.

 

En estas circunstancias, la competencia que experimenta la Tierra de Medina ha de ser importante. La región cantábrica, desde Asturias hasta Gupúzcoa, ha de acudir a un abastecimiento exterior; pero la importancia de éste depende, en gran parte, de la cercanía. Por ello, Asturias extrae la casi totalidad de sus vinos de Galicia y los Páramos leoneses y, en menor escala, de Tierra de Campos y de Tierra de Toro. y, del mismo modo, Guipúzcoa es provista completamente por la Navarra superior y la Rioja. Así, pues, ambos extremos de la región cantábrica quedan excluidos del comercio vinícola con la Tierra de Medina. A la zona intermedia, en cambio, sí que llega el vino de Medina y su Tierra. Pero se ha de repartir el mercado con centros productores más cercanos, como los de Tierra de Campos. Ribera de Aranda y la Rioja; y otro tanto sucede en Castilla la Vieja y León, al estar la Tierra de Medina rodeada de importantes viñedos en las diversas direcciones.

 

Gran calidad de los vinos blancos

 

Si, a pesar de esta abundancia de centros productores y su consiguiente competencia, los vinos Tierra de Medina y Alaejos tiene un ámbito mercantil tan amplio, de manera que llegan a penetrar en las más diversas áreas de mercado abastecidas por otras comarcas más próximas e incluso saltan a Guadarrama para aprovisionar a Madrid, ello es debido sobre todo a la calidad de que están dotados. En efecto, los vinos producidos en las regiones cantábricas y de Castilla y León son en su inmensa mayoría ordinarios, a veces de ínfima calidad, como es el caso de los producidos pos los viñedos locales cantábricos y de la Ribera Oriental del Duero. Solamente destacan por su bondad los de Toro, y especialmente, los de Tierra de Madrigal y Tierra de Medina; pero los primeros son tintos en su gran parte y los d Madrigal van decayendo en el siglo XVI a medida que prosperan los situados en su inmediata zona septentrional. Así, los vinos de nuestra comarca se alzan en toda la región como los auténticos vinos blancos de calidad, tanto si eran del año, como, sobre todo, si poseían la categoría de añejos, estado éste inalcanzable para el resto.

 

Otros vinos blancos de calidad, exteriores la región, pugnaban por abastecer a ésta. De ellos los que tuvieron más fortuna fueron los producidos en su inmediato entorno: así, los blancos de Ribadavia abastecían el litoral cantábrico; Los de Sierra de Gata y Norte de Cáceres, a la provincia de Salamanca llegando incluso a Benavente; los de Cebreros, San Martín y, en general, los de Castilla la Nueva, a Ávila y Segovia con penetración en Palencia, Burgos y Bilbao, y los navarros de Peralta, a Vizcaya y Burgos. Pero la competencia que implicó para la Tierra de medina fue muy escasa, si se exceptúa en la provincia de Salamanca. Frente a la inferior calidad de los blancos gallegos o a la superior del resto, los de Medina triunfan por su calidad suficiente y, sobre todo, por el menor precio que ocasionaba un transporte más barato por su cercanía. En estas circunstancias se entiende que vinos aún más lejanos, como los de Portugal, Andalucía, levante, Canarias o los franceses, fueran un raro lujo que aparecían solamente en las ciudades portuarias, como Bilbao, o en las intensamente mercantiles del interior, como Burgos(No obstante en 1574 Medina, que comenzaban a ver decaer sus ferias y prestaba cada vez mayor atención a la comercialización de sus vinos, temerosa de una competencia en este sentido, elevó al Consejo de Castilla una petición de revocación de una Real Cáluda que autorizaba  la entrada en Castilla de los vinos de Portugal, tras su incorporación  a Castilla. El argumento que presentaba era el gran daño de esta villa  y tierra donde se coge tan gran cantidad de vino que abastece a la mayor parte de estos reinos. G. Moraleja Pinilla: Historia de medina... pág. 131.).

 

Los vinos blancos de Tierra de Medina, en virtud de su calidad, van a poder franquear las puertas de un amplio mercado con diversas vías de acceso. Un grave obstáculo, que frenaba la expansión comercial de los viñedos más progresivos, era el riguroso proteccionismo ejercido por pueblos, ciudades y jurisdicciones más amplias, como La Liébana o el Valla de Camargo, para asegurar el consumo de la propia cosecha(Véase A. Huetz de Lemps: Vignobles et vins... T. II págs. 795-799; B. Bennarssar: Valladolid... págs. 69-70, y las Ordenanzas del Valle de Camargo. año 1620, recogidas en Publicaciones del Instituto de Etnografía  y Folklore. Hoyos Sáinz. Vol. III 1971, págs. 283-295.). La tendencia a un mayor rigor corría pareja con la inferior calidad de los vinos -caso de los viñedos cantábricos- o la importancia del mercado propio -como sucedía en Valladolid, rodeada además de viñedos de renombre-. En todas partes esta protección implicaba la prohibición de entrada d vinos de fuera de la propia jurisdicción hasta estar consumida la producción local. Así, la duración de este periodo, que variaba según la bondad de cada año y la capacidad de producción y consumo de cada centro, acarreaba un cierre temporal de gran número de mercados para las comarcas exportadoras.

 

Sin embargo existían siempre fisuras por las cuales los vinos de Medina y su comarca van a poder introducirse con facilidad, aspecto en el que radica una de las ventajas. Durante todo el año está permitida, hasta el los viñedos más protegidos y mejor previstos de vino, como es el caso de Zamora, la entrada de los vinos de calidad, entre los que se se hallan incluidos los ordinarios y, sobre todo, los añejos de Medina y Madrigal. Considerados éstos como medicinales y vigorizantes o tonificantes, son necesarios en todo tiempo para enfermos y ancianos pero especialmente durante el invierno, estación en que su consumo experimentaba un incremento(A. Huets de Lemps: Vignobles et vins du Nord-Ouest de l´Espagné... T. I, pág. 311.).

 

Si se exceptúa el caso de los viñedos locales más amenazados, como sucedía con los del Valle de Camargo hacia 1620, en que la única forma de surtirse de tales vinos era la compra fuera del valle para un consumo particular, lo normal era la adquisición de una tabernilla especializada. Así, existe una auténtica proliferación de tabernillas de vino blanco de Madrigal y, sobre todo, de Medina y Alaejos y su comarca en toda la meseta septentrional y cordillera cantábrica, tanto en los centros más importantes, dotados o no de un viñedo local, los cuales precisaban de varias, como incluso en núcleos más reducidos, tales como Villodrigo, en Palencia, o Araúzo de Miel, en Burgos, cuando este último no alcanzaba los 200 vecinos en 1581. Esta extensa y tupida red de tabernillas proporcionaba una importante salida comercial para los vinos mejores de Tierra de Medina gracias a su abundancia, pues el consumo en ellas, al estar destinado únicamente a algunos enfermos y ricos era escaso.

 

Pero, además, junto a la mencionada razón médica, otras de carácter social saltan por encima de las prohibiciones proteccionistas. Frecuentemente el clero, como el de León; los monasterios, como el de Sahagún, o el de San Esteban de Salamanca, y determinados ciudadanos cualificados, como los de Salamanca, poseían el privilegio de introducción de vinos de procedencia exterior, bien fueran comprados, o bien originarios de los diezmos, aunque normalmente su destino exclusivo era el propio consumo (A. Huets de lemps: Obra citada... T. I, pág. 290.). Dada la capacidad económica de tales privilegiados, frecuentemente se dirigían hacia los vinos blancos de nuestra comarca, abasteciéndose en ella al por mayor(Todavía a mediados del siglo XIX los vinos de Toro y de Rueda eran considerados como vinos de calidad que sólo podían comprar las gentes acomodadas (P. Madoz: Dicionario Geog´rfico...).).

 

Ello implicaba, en primer lugar, un gran consumo de vino de calidad por cabeza entre los adquirentes, lo que compensaba el menor radio social alcanzado por estos vinos: Clero, Monasterios y burguesía de las ciudades aparecían como grandes consumidores del vino. Por otra parte, se aseguraba la estabilidad de su demanda a lo largo de los años, otra ventaja que aprovechaban los caldos de nuestra comarca,. Las fluctuaciones anuales en la capacidad adquisitiva, tan sensibles en las grandes masas del pueblo, son prácticamente imperceptibles en los estratos superiores de la sociedad(A.Huetz de lemps: Vignoble et vins... T. I. págs. 351 nota 608 y 388 nota 958.).

 

Una segunda ventaja que entraña la superior calidad de los vinos de la comarca es la mayor capacidad de competencia frente a otros caldos de inferior calidad, en virtud del factor transporte. En efecto, los elevados costos de transporte tradicional son responsables de que su participación en el precio de venta final del mismo sea mayor cuando menor sea el precio de venta en el lugar de origen -o, lo que es lo mismo, cuando peor sea su calidad- y cuanto mayor sea la distancia entre los centros productores y consumidores(B. Bennassar: Valladolid... pág. 94 y A. Huetz de Lemps: Vignoble et vins... T- II, pág. 852.). Por el contrario, los vinos de la Tierra de Medina, en virtud del factor compensador del transporte, aunque caros en el lugar de origen, van acercando sus precios de venta al consumidor respecto a los otros vinos, a medida que el punto de destino es más lejano o el medio de transporte resulta más caro. Entonces, por un precio algo mayor, se podían adquirir unos vinos de una calidad muy superior a la del resto. Así, nuestros vinos pudieron obtener una demanda dispersa y lejana.

 

Una tercera ventaja se añade a veces a las anteriores por los vinos de Tierra de Medina. Un grave inconveniente que se opone al desarrollo comercial es la "postura" o fijación de un precio máximo, a que están sujetos los diversos artículos alimenticios en los centros consumidores. El precio máximo expuesto por las autoridades en defensa del consumidor, especialmente en las ciudades, ocasionó frecuentes pleitos con transportistas y taberneros, al limitar en exceso las ganancias de éstos, llegando a interrumpir el abastecimiento a diversas ciudades(Caso de Bilbao en 1619 y de Vitoria en 1578. A. Huetz de Lemps: Vignoble et vins... T. II, pág. 829.). La explicación parece clara: Las "posturas" mostraban tendencia a la estabilidad, reflejando muy poco las variaciones anuales en los costos de compra y transporte que, sin embargo, solían ser bruscas y fuertes(De ello se hacen eco los taberneros de la Corte de Madrid, que abastecían sus tabernas de calidad con vinos de la Tierra de Medina. A.H.N. Consejos. Sala de Alcaldes de Casa y Corte. Libro 1606-1610, fº 43.). En estas circunstancias el estímulo del transportista y del tabernero, frecuentemente la misma persona, era escaso. Con los vinos de nuestra comarca, sobre todo cuando su destino era una ciudad y, más aún, si esta era la Corte, sucedía en general lo mismo.

 

Sin embargo, existen excepciones expresivas, puestas de relieve por dos documentos de determinados lugares de la zona cantábrica. El consejo de Potes, que fijaba el precio del vino vendido en toda la Liébana, exceptuada en 1646 "el vino blanco del río Duero para allá, que llaman de Madrigal, que resulta poderse vender sin postura, según la dicha costumbre inmemorial"(A. Huets le Lemps: Vignobles et Vins... T. I. pág. 465.). Una ventaja similar disfrutaban en 1535 los vinos importados en Santander, al ser su venta franca de alcabalas los sábados, tanto al por mayor como al por menor, lo cual beneficiará sobre todo a los blancos, que tenían un impuesto más cuantioso(Ordenanzas de las Rentas de las alcabalas de Santander. Enero de 1535. Apotación al Estudio de la Historia Económica de la Montaña, pág. 279.). De esta manera los trnasportistas, estimulados, habían de impulsar el comercio con tales regiones.

 

La importancia comercial de Medina en función de sus Ferias

 

Pero el motor que puso primero en marcha y, posteriormente, desarrolló el papel comercial de los vinos Tierra de Medina-Madrigal, lo constituyó una coyuntura económica fraguada durante la Edad Medina y que culminó a principios de los tiempos modernos. Desde fecha temprana (existen testimonios desde el siglo (XII) se establecieron sólidas relaciones comerciales entre Castilla la Vieja-León y sus regiones contiguas, especialmente la Cordillera Cantábrica, destinadas a equilibrar las deficiencias de sus economías respectivas(J. García Fernández: Champ ouverts et champs cloturés en Vieille Castille. (in) annales, économies, sociétés, Civilisations. Núm. 4, 1965. Págs. 692-718. Cf. 696-697. ). Dentro del círculo comercial al que dieron lugar, debía de estar incluido el vino de Castilla y posiblemente también el de nuestra comarca o de regiones aledañas(A. Huets de Lemps: Principales aspectos de los viñedos del sir de la Cuenca del Duero. (in) Estudios Geográficos. Núm. 74, 1959. Págs. 111-112.). Pero a finales de la Edad Media y durante el siglo XVI una nueva circunstancia comercial, las importantes Ferias de Medina, va a ser decisiva para desarrollar al máximo la función comercial de los vinos Tierra de Medina. Ellas constituyen un óptimo vehículo de conocimiento y aprecio de sus caldos para los ricos mercaderes castellanos e incluso extranjeros que visitaban periódicamente Medina y, de vuelta a sus casas, tornaban con sus cargas de apreciado vino. En ellas, asimismo, los habitantes de las montañas cantábricas tomaron la costumbre de cargar, como flete de retorno, el vino de la Tierra a cambio de las venta de los productos de la Montaña o extranjeros(I Ridríguez  y Fernñandez: Historia de Medina... págs. 46 y 641.).

 

De esta manera, los vinos de la comarca medinense fueron conocidos en los más lejanos rincones y conquistaron un amplio dominio comercial. E igualmente esta circunstancia de las ferias va a conceder a la Campiña de Medina-Alaejos, y en especial a Medina, un puesto capital en el comercio vinícola, erigiéndose en vía de salida de gran parte de los vinos de su Tierra.

 

La gran amplitud de su dominio comercial

 

El conjunto de factores analizados va a determinar el dominio comercial de los vinos blancos de Medina y su Tierra en el siglo XVI(El estudio del emrcado de los vinos de la comarca se ha realizado fundamentalmente a partir de las amplias noticias documentales sobre el tráfico que se contienen, de una manera asistemática, desde nuestro ángulo de interés, en la obra de A. Huetz de Lemps: Vignobles et vins...) Sus confines por el norte y por el Sur llegaban, respectivamente, hasta el mar cantábrico, con ramificaciones en Francia y Flandes, y hasta la Cordillera Central, con una prolongación hasta Madrid. Por Occidente y Oriente sus límites pasaban cerca de la frontera con Portugal, el Bierzo y Asturias, por una parte, y por Soria, Cordillera Ibérica. Álava y Guipúzcoa, por otra. Veamos, pues, sus diversas áreas comerciales y su articulación y jerarquización interior para establecer las principales vías de tráfico en que se desarrolló el comercio de los vinos de la comarca durante la citada centuria.

 

Zona occidental y meridional de Castilla y León

 

Sin duda, uno de los ámbitos de mercado más reducido lo constituía la zona occidental de Castilla y León, de la que, por otra parte, había que excluir el más inmediato contorno de la ciudad de Zamora. Aunque cuenta con dispersos y poco dinámicos viñedos locales. está, en cambio, rodeada de viñedos de gran capacidad comercial, como los de Tierra de Campos, los de Toro y Zamora, los de Guareña -al Sureste de Zamora y al Noroeste de Salamanca- y los de la Sierra de Gata y Peña de Francia, estos últimos, además, de calidad. En consecuencia, los niveles de consumo del vino de la Tierra de Medina son escasos. Al resultar éste innecesario en el abastecimiento ordinario, su única vía de penetración estaba constituida por las "tabernillas" de vino blanco, de reducida capacidad de venta, y de las adquisiciones de grupos privilegiados, tales como los ciudadanos ricos de Salamanca y León y los conventos de San Esteban de Salamanca y Sahagún y el clero de León.

 

FIGURA 2.

 

Los viñedos de Medina durante el siglo XVI.

Los viñedos de Medina durante el siglo XVI.

 

Un consumo mucho mayor poseía la zona correspondiente a las actuales provincias de Ávila y Segovia, especialmente en su sector de tierra alta, donde radicas los dos cualificados centros urbanos de sus respectivas capitales. Dos circunstancias propicias contribuían a ello. La posibilidad de competencia por otros viñedos era reducida, pues los del Norte de Salamanca, Coca, Arévalo-Madrigal y Cebreros producían unos volúmenes a todas luces insuficientes para abastecer la zona; pero, además, era muy marcada en ésta la preferencia por el consumo del vino blanco frente al tinto. En consecuencia, junto al consumo del vino superior vendido en las tabernillas de los principales núcleos de población -las cuales a veces se multiplican, como en Segovia, que cuenta con tres- o el adquirido directamente en los centros productores por conventos, nobles o burgueses, existen también una gran profusión de tabernas de vino ordinario dispersas por los núcleos rurales y que en las más importantes ciudades adquieren una gran concentración. En el abastecimiento de este consumo, tanto cualificado como de vino ordinario, la participación del proveniente de Medina y su Tierra era mayoritaria, al estar ya representado el de Madrigal en una reducida cuantía. Por ello no es de estrañar que en esta época un importante volumen del comercio vinícola de nuestra comarca se dirigiera al Sur (Ver figura 2).

 

Norte del Duero

 

Un carácter distinto tenía la zona de páramos y campañas que se extiende al Norte del Duero. Dotada de notables viñedos urbanos, como los de Palencia o Valladolid, contaba además con importantes viñedos comerciales (Toro, Tierra de Campos y Ribera de Aranda y Peñafiel). Sin embargo, los vinos blancos eran de mala calidad, a excepción de los producidos en la Tierra de Toro, situados en una posición tan periférica o más que nuestra comarca. Por ello, los vinos blancos del Sur del Duero, especialmente la Tierra de Medina, tenían asegurados los mercados cualificados de esta zona y, de rechazo, van a provocar, a la larga, la ruina de los viñedos de blanco de la misma. En general, pues, el consumo de vino blanco de Medina y su Tierra se hacía a través de las tabernillas de las principales ciudades, como Valladolid, palencia, Carrión de los Condes y otras similares, e incluso de centros menores, como Herrera de Pisuerga y Villodrigo. El gasto, por tanto, no era voluminoso en la mayoría de los años . Así, Palencia consume en la tabernilla de vino blanco entre los 200 y 300 Hls. anuales procedentes de Tierra de Medina. Únicamente en los años en los que las cosechas locales eran débiles se procedía a importaciones masivas de caldo de Medina.

 

Las Montañas del Norte

 

Pero donde los vinos de Medina encuentran su principal salida es en la zona montañosa septentrional, dentro de la cual incluimos no sólo Santander, Vizcaya y Guipúzcoa, sino también toda la orla montañosa de palencia y Burgos, haciéndola descender a efectos de mercado, a la ciudad de Burgos y el sector centro-oriental, no vitícola, de esta provincia. Provista exclusivamente, en el mejor de los casos, de viñedos de carácter local, incapaces en general de abastecer durante todo el año a los propios centros productores, sus gentes, en cambio, aprecian en gran medida el vino, como hemos señalado en otro lugar. En su zona meridional y oriental se sitúan los viñedos comerciales de la Rioja, Tierra de Campos y la Ribera Oriental del Duero. Pero los primeros no ha alcanzado todavía su mejor momento, por lo que el radio de su mercado no pasa de Guipúzcoa y del Ebro Superior y ciudad de Burgos;y los de la Ribera del Duero, por su parte, de mala calidad, sobrepasan con dificultad la ciudad citada. Por ello el abastecimiento de esta región en vinos ordinarios lo ha de compartir la Tierra de Campos con la de Medina, quedando, por otro lado, reservada la esta última, casi por completo, la exportación d vinos preciosos, pues los aportes por mar no representaban un grave peligro de competencia. A la penetración de nuestros vinos en este mercado debió contribuir, en gran medida, el hecho de constituir los caldos de Castilla, y más concretamente los de Tierra de Medina, un cómodo flete de retorno en el descenso de los arrieros a Castilla, principalmente a las ferias de Medina.

 

Aparte de las tabernillas de vino blanco precioso de las ciudades o núcleos rurales más importantes, en que se distinguía una para enfermos y otra para la libre adquisición por los vecinos, como en Burgos o en Bilbao, había tabernas de vinos tintos y también de blancos ordinarios, entre los que estaban bien representados los de Medina-Alaejos, en gran número de núcleos rurales, amén de los urbanos. En estas tabernas se vendía vino importado, unas veces durante todo el año, como en el sector de la Cordillera Ibérica de la provincia de Burgos; otras, solamente después de consumida la cosecha local, como acontecía en las montañas de Vizcaya o Santander. Otra vía de adquisición de caldos de nuestra comarca era la compra al por mayor, sobre todo, y al por menor, también, en los mercados semanales, francos con frecuencia de alcabalas. todos estos procedimientos d comercialización debía reunir un volumen global importante, aunque carezcamos para el siglo XVI de datos precisos de consumo de nuestros vinos en esta región; pero, en cambio, poseemos pruebas indirectas de su importancia. A principios del siglo XVII un anónimo historiador de Medina señalaba a "Burgos, Vizcaya y la Montaña" como las principales zonas destinatarias de los vinos de Medina(I Ridríguez  y Fernñandez: Historia de Medina...). Un fiel reflejo de la capacidad de penetración de los blancos de Castilla -bajo cuya denominación se alude a los de Tordesillas y sobre todo a los de Tierras de Medina- encontramos en las ordenanzas proteccionistas de la Montaña, dictadas a principios del siglo XVII, en las que se culpa expresamente a la importación de tales vinos de los peligros de ruina, o de la decadencia ya iniciada, en los viñedos cantábricos(Banco de Santander: Aportación al estudio  de la Historia Económica de la Montaña. Santander 1957; 854 págs, Cf. pág. 423. y Publicaciones del Instituto de Etnografía y Folklore. Hoyos Sáinz. Vol. III 1971, pág. 284: Ordenanzas del Valle Camarco.).

 

El extranjero y la Corte

 

Una muestra de gran expansión comercial alcanzada por los vinos de medina y su Tierra en el siglo XVI y del gran aprecio de que gozaron por su calidad fue el hecho de que, saltando las fronteras nacionales, llegaron a penetrar, aunque sólo fuera ocasionalmente, en Francia y Flandes y, sobre todo, que lograron conquistar el mercado de la Corte. Madrid, con la elección por Felipe II de esta ciudad para sede de la Corte, experimentó un gran auge en su población, aumentando a la par el número de nobles, burgueses y burócratas -grandes consumidores de vino de calidad- que llevaba consigo el séquito real(A. Huetz de Lemps: Madrid. (in) Notes et Etudes Documentaires, 1972, núms. 3854-3855. 92 págs. Cf. pág. 9.). Ante esta nueva realidad urbana la zona septentrional de Castilla la Nueva se mostró incapaz de surtir con suficiente abundancia a la ciudad de Madrid con vinos preciosos de renombre(N. Salomón: La Campagne d nouvelle Castille a la fin du XVI siecle d´aprés les. Relaciones topographicas. París, 1964. 370 págs. Cf. 83 y 84.). Por ello junto a los vinos de Illana, en Guadalajara; de Lillo,en Toledo, y de San Martín de Valdeiglesias, en Madrid, figuran también en el abastecimiento de la Corte los de Medina del Campo, Alaejos y Madrigal, cuya presencia aparece documentada en 1582, aprovechando, sin duda, la conocida fama que les había deparado las Ferias de Medina(A.H.N. Consejos. Sala de los Alcaldes de Casa y Corte. Libro 1579-1592, fº. 47.). En virtud de este medio de conocimiento, los Alcaldes de Casa y Corte tenían ordenado en 1595 a los taberneros que se abastecieran de vino precioso en los centros de Medina y Alaejos precisamente, de ninguna manera en otros pueblos de la Tierra. Aunque posteriormente, en 1597, ante las protestas, ya descritas, de los abastecedores originadas por los fraudes en calidad y en precios de los vinos cometidos por los regatones de Medina, el ámbito de compra se amplía a los restantes pueblos de su comarca.

 

Desconocemos los niveles de consumo; pero, dadas las características del mercado y la escasa competencia de las otras zonas proveedoras, aquel debió de de ser relativamente alto. De hecho en 1596 había en la Corte cinco taberneros, por lo menos, especializados en la venta de "vino de Medina y Alaejos"(A.H.N. Consejos. Sala de los Alcaldes de Casa y Corte. Libro 1601. fº 81.).

 

Así, pues, y en conclusiones, el tráfico de los vinos de Medina y su Tierra en la segunda mitas del siglo XVI seguía dos grandes rutas: una hacia el Norte-Nordeste, en dirección a Burgos, Santander y Bilbao, que era la más importante, y otra, hacia el Sureste, en dirección hacia la Sierra de Gredos y del Guadarrama, dando salida entre ambas a la mayor parte de la producción excedentaria de la comarca. la ruta meridional daba lugar a un triángulo formado por una red interior de tabernas, tanto más densas cuanto más cercana a la base, la cual se apoyaba, como en mercados muy principales, en Ávila y Segovia; una importante prolongación de la misma estaba constituida por el mercado altamente cualificado de Madrid. Por su parte, la ruta septentrional, que drenaba la mayor intensidad de tráfico, tenía un primer tramo, de ámbito rectangular, que incluía solamente tabernillas en los núcleos más importantes, sobre todo en Valladolid; la más importante, pues, era la segunda parte, con ramificaciones hacia la zona no vitícola de Burgos y, alejándose aún más, hacia Vizcaya y las montañas de Santander, en cuyo dominio, a la escasa densidad alcanzada por las tabernillas, situadas en los centros más poblados, se sumaba una amplia dispersión de tabernas de vino ordinario por gran parte de los núcleos rurales.

 

LA ORDENANZA 1503. QUE NOS CONVIERTE EN LA 1ª D.O. DE ESPAÑA

 

Ordenanzas de Medina del Campo sobre viñas y labranzas confirmadas por el Real Consejo de Castilla de 17 de octubre de 1561. (Apuntes para la Historia de Medina del Campo escritos por el Presbítero don Julián de Ayllón, en el año 1785. B.N.Hs. 5944, folio 87vto.-89vto. La trascripción de estas ordenanzas así como las siguientes se han realizado conforme a la ortografía actual.)

 

El triunfo de los viticultores frente a los ganaderos, que supone la confección y aprobación de estas ordenanzas, encuentran su explicación en las palabras introductorias al compendio de las mismas que, con lenguaje un tanto retórico y apasionado, expresa el erudito presbítero medinense en el siglo XVIII resumiendo el expediente o proceso que se originó para la conformación de tales ordenanzas por el Real Consejo de Castilla"en el año de 1561 -afirma- viendo los herederos de viñas y sembrados los grandes daños que hacían en ellos los ganados introducidos por los pastores, los cuales protegidos de algunos regidores sus amos, y de otros ganaderos, todo lo talaban y destruían, sin que nadie se atreviera a estorbarlos, siendo insuficientes e ineficaces cuantos medios se habían tomado hasta entonces para remediar tales perjuicios, determinaron hacer el último esfuerzo; para lo cual, juntándose en la Parroquia de San Miguel todos los dueños de viñas y los labradores, y de común acuerdo, formaron unas Ordenanzas muy útiles al bien común y capaces, si se observan, de atajar los daños que se experimentaban, Desde luego creyeron que serían útiles, si no se obtenía probación del Real Consejo, para que autorizadas y corroboradas de este modo pudieran ser reducidas a la práctica y respetadas, sino por los provechosos que traerían al bien de la república, a lo menos por las penas conque amenazaban a los transgresores. No obstante, no conociendo muchos por propio el bien que les redunda del bien común, antes teniéndolo por opuesto a sus intereses particulares, clamaron al Consejo para que diesen por nulas las Ordenanzas: intentaron redarguirlas de perjudiciales, hicieron que los pueblos de la comarca levantasen contra ellas (Medina tenía abundantes viñas en los terrazgos de los pueblos vecinos) y con razones aparentes y sofísticas procuraron sofocarlas en su misma cuna, destruirlas y aniquilarlas. Pero nada pudo prevalecer contra ellas...

 

1ª) - Que en ningún tiempo entren ganados en viñas, majuelos, árboles o sembrados; pena de 8 maravedíes de día, y 16 de noche para cada cabeza; y además los daños que hicieran en ellos. Y por cada cabeza de ganado mayor, el doble.

 

2ª) - Que si fuera ganado cabrío pague, además de los daños causados, la pena de una cabeza por cada diez siendo de día, y dos de noche; y si fuera pequeño el atajo de dicho ganado, pague de día 20mrs. por cabeza, y 40 de noche: lo mismo verificándose haber entrado en ellos.

 

3ª) - Que no se pueda vender , arrendar, dar ni comer la hoja, aunque el dueño de la viña quiera que sus ganados la pazcan. ( En la confirmación se precisa que s exceptúan de tal prohibición las arboledas plantadas fuera de las viñas).

 

4ª) - Que el pastor a quien se le llegare a prender y penar cuatro veces, sea puesto a la vergüenza, privado de oficio y desterrado de esta villa y de su jurisdicción por cuatro años, y si lo quebrantase, que se le den 100 azotes y se le imponga destierro perpetuo. (El Real Consejo revocó la pena de vergüenza, la de azotes y destierro).

 

5ª) - Que todos los dueños de viñas y majuelos sean obligados dentro de un año, contado desde la confirmación de estas ordenanzas, a plantar cuatro árboles en cada una aranzada de sus respectivas viñas, dos frutales, y los otros dos para madera; y que se hayan de conservar vivos, y replantarse siempre que alguno se perdiera, pena de pagar tres reales de velón por cada uno que faltare; cuya observancia celarán al Corregidor y los Diputados haciendo visitas para averiguarlo.

 

6ª) - Que los aradores, siempre que vayan a arar las viñas, majuelos o arboledas, pongan bozales a las bestias para que no hagan daño; pena de un real por cada vez que se hiciera lo contrario, y además los daños.

 

7ª) - Que ninguno sea osado atravesar los carros con las viñas para sacar los frutos o leña: pena de seis reales por cada vez que se quebrante esta ordenanza; y además los daños.

 

8ª) - Que no se puedan llevar a las viñas para ir por uva, y otra cosa, bestias sin bozal, y por cada una que se encontrare si él, se pague medio real y los daños.

 

9ª) - Que los trabajadores de las viñas aten o estanquen a sus bestias donde no haya daño; pena de medio real de día y uno de noche. exigido por el guarda sin denuncia, después de pagar daños.

 

10ª) - Que los cazadores de a pie o de a caballo no puedan atravesar por las viñas desde 1º de Abril hasta 1º de Noviembre, sino por las lindes; so pena de pagar los daños y además 600 mrs.

 

11ª) - Que no se entre en las viñas a cortar uva, hierba o mielgas sin licencia del dueño, pues además de los daños, pagará un real de pena por cada una.

 

12ª) - Que sin licencia del dueño de la viña no se pueda entrar en ella a coger majuelos, pena de 4 mrs. por cada uno.

 

13ª) - Que ningún vendimiador pueda traer afonguera, cesta ni aldaba, ni manada de uvas, ni el acarreador fuera de la carga, aunque sea con licencia de su dueño, pena de un real por cada una, después de pagar al dueño el valor de las uvas.

 

14ª) - Que no se pueda cortar, arrancar, descepar o desgajar árbol ni cepa ninguna en heredad ajena; y por cada uno que se arranque paguen 400 mrs. y el que desgajare alguno, pague 200 mrs., y si es cepa y la corta o arranca, pague tres reales, y si la desgaja o deslata, pague dos.

 

15ª) - Que si hubiera en las viñas pulgón u otra sabandija, hayan de ser los diputados precisamente los que cuiden de exterminarla del pago a costa de los dueños.

 

16ª) - Que haya tres diputados celadores de la guardería, y cumplido el año primero se nombre uno, y así en adelante, para que siempre haya dos antiguos y uno nuevo.

 

17ª) - Que para el nombramiento de éstos se junten los herederos que no tuvieren ganado el día de año nuevo por la tarde en San Miguel con asistencia del Corregidor; y que a los nombrados se les tome juramento.

 

18ª) - Que el Corregidor junto con los tres o dos de los diputados puedan arrendar la guardería de las heredades, siendo persona apta y afianzada para ello, rematándola judicialmente.

 

Nuevas ordenanzas de pan y vino hechas por la villa de Medina del Campo aprobadas el 2 de octubre de 1698 (A.H.N. Consejos. Leg. 28125, exp. núm. 31.)

 

Estar ordenanzas, realizadas, 140 años después de las que figuran anteriormente, constituyen un cierto sentido al reverso de las del siglo XVI, al consagrar el triunfo de los ganaderos frente a los labrantines, mediante la eliminación de la contingentación y haciendo desviar el pero de la responsabilidad de los daños cometidos por el ganadero al descuido en el pastoreo y a los abusos de los jornaleros. Las nuevas circunstancias agrarias del término hicieron en parte, sin duda, posible una nueva ordenación de las ordenanzas: al decaer el cultivo vitícola, en efecto, era muy factible y conveniente para los grandes propietarios la puesta del terrazgo cerealístico en hojas de cultivo. Así se deja entrever, en parte, en la misma presentación de las nuevas ordenanzas hecha por la autoridad concejil al Consejo de Castilla y que va a dar lugar a un proceso seguido ante el mismo. "Habiéndose reconocido por mi parte -afirma el Corregidor- los perjuicios que se siguen a los ganaderos, labradores y cosecheros en aquella Villa (Medina) de la observancia de algunos capítulos de las Ordenanzas Antiguas que hay en ellas y que con la variedad y mudanza de los tiempos no se pueden ejecutar (...) especialmente con la prohibición de que ningún vecino pudiera entrar en los términos y cotos de la Villa a pastar con sus ganados ovejunos con más número de 57 cabezas y dos carneros de simiente, lo que es causa que no haya en aumento la crianza de ganados de esta calidad por hallarse precisados a buscar fuera de los términos de aquella Villa pos pastos necesarios, especialmente en tiempo de invierno para el abrigo.."

 

1ª) - Primeramente que la Ordenanza Antigua que en los términos y cotos de esta villa vedaba que entrase a pastar ningún vecino con más número de ganado ovejuno que cincuenta y siete reses, se doroga y anula, antes bien se ordena que cualquier vecino pueda entrar en dichos cotos al número de ganado que tuviere para que con ello pueda beneficiar las tierras de pan llevar.

 

2ª) - Iten que por cuanto esta villa obtuvo Facultad Real para arrendar la hoja de las viñas y espigas de los rastrojos, levantado el fruto, se entienda la Ordenanza de arriba con calidad de los ganaderos paguen a esta Villa la cantidad en que se ajustaron con ella por vía de arrendamiento o repartimiento en el interin que la dicha facultad subsista y se satisfagan el efecto para que se concedió.

 

3ª) - Yten que para mejor se guarden así las viñas como los sembrados, se ordena que, por cuanto los daños que suelen hacerse con los ganados, algunas veces suele ser su culpa de los Pastores que los guardan en noches muy tempestuosas y otras ocasiones que ha mostrado la experiencia, que el Pastor que hiciera algún daño con el ganado que guardare, si acudiere adelantarse ante la Justicia dentro de veinte y cuatro horas que hizo el tal daño, pague san solamente lo que importare la tasación del referido daño y la costa de los tasadores, y el que habiendo hecho el daño diere lugar a que le denuncien pasado el dicho tiempo, además de pagar el daño al dueño de la heredad, con las costas de la tasación, pague dos mil mrs. aplicados por tercias partes a la Cámara de Su Majestad, Juez y denunciador.

 

4ª) - Yten, que respecto que se han de sembrar las tierras de pan llevar dividiendo el término el hojas, como adelante se dirá, se ordena que si alguna persona sembrare alguna tierra fuera de las hojas que se señalaren, el pastos que entrare con su ganado en dicho sembrado no incurra en pena alguna.

 

5ª) - Ytren que ningún ganadero, aunque sea de los que llaman traseros, pueda traer pastor de menos edad que diez y ocho años, aso la pena de los dos mil mrs. impuestos en la Ordenanza de arriba por cada vez que se lo denunciare, aplicados por tercias partes en la misma forma.

 

6ª) - Yten que en cuanto a las penas de los ganados que entraren en pastar en las dehesas, prados boyales y coto diputado para el pasto del ganado de la Obligación de Carnicerías se guarden las Ordenanzas de esta Villa hechas en esta razón.

 

7ª) - Yten que por cuanto esta villa se mantiene principalmente de las cosechas de pan y vino, después de que cesaran los cambios y comercio de hombres de negocios, y es necesario dar providencia para que mejor se conserven los labradores y cosecheros de vino, se ordena que se divida el término para que se siembre hojas porque los sembrados estén juntos y no puedan los ganados entrar en ellos sin que se conozca el dañador y el daño como sucede al presente que por entrar por partes estrechas de entre trigo y trigo a buscar el pasto hacen graves daños al entrar y salir.

 

8ª) - Yten que por cuanto con la ocasión de la labor de las viñas hay en esta Villa mucho número de jornaleros los cuales se han reconocido de algunos daños a esta parte hacen granjería de criar cabalgaduras menores trayéndolas todo el año en los panes y viñas con la ocasión de salir a la labor sus pollinas y las crías de ellas, para remedio de lo cual se ordena que ningún jornalero pueda salir a la dicha labor con cabalgadura de suelta sin llevarla con bozal; salvo las que fueron de teta, hasta el día de San Miguel de Septiembre; y que a las cabalgaduras en que van a caballo y llevan sus herramientas, luego que las suelten las pongan así mismo los bozales, so la pena de que por cada vez que así fueren halladas las dichas cabalgaduras sueltas y sin bozales paguen sus dueños por cada una a la guarda que así las hallare medio real, sin que sea necesario más diligencia que la aprensión para llevarlos la dicha pena, y las que fueren halladas haciendo daños en viñas o sembrados, además de pagar a los dueños de las heredades el daño, pague por cada vez y por cada cabalgadura los reales aplicados para la guarda que hiciere la aprehensión, sin más justificación que la declaración de la dicha guarda, y esta Ordenanza se entienda en todo y por todo con las cabalgaduras de suelta que llevan los labradores a título de no ir a arar con los bueyes uncidos y llevar en ellas las aradas y rejas.

 

9ª) - Yten que por cuanto conviene mucho el mirar por el aumento y conveniencias de los labradores que en esta Villa hay en número considerable y es parte muy esencial para conseguir este fin que tengan Prados para la Crianza de Yeguas, Caballos y Mulas para sus labranzas, se ordena que el prado que esta Villa tiene desde la Laguna que llaman de Santa Clara hasta la Raya del Lugar de Gallinas sirva sólo para la Crianza de Yeguas y Mulas, sin que en ningún tiempo del año pueda entrar Macho ni Caballo entero en dicho Prado, so la pena de que por cada vez que la guarda lo aprendiere cobre al dueño Cuatro Reales sin necesitar de más justificación que la aprensión de la dicha guarda, y se declara que el ganado de la labranza no puede pastar en dicho prado salvo la suelta de día cuando cayera la barbechada hacia el dicho prado.

 

10ª) - Yten que la dehesa y prado que llaman de abajo y coje desde la puente que llaman de Ladrillo hasta la raya del Lugar de Dueñas, ha de servir para pasto de ganado de la labranza así de bueyes como ganado caballar y mular coteándose para este efecto desde el día de Nuestra Señora de las candelas, sin que pueda entrar res ninguna en dicho prado hasta que esta Villa dé la licencia para entrarlo a pastar como es costumbre: y se declara que en dicho prado no ha de entrar res ninguna que no sea de las diputadas para dicha labranza hasta el día de San Miguel de Septiembre y desde el dicho día de San Miguel han de entrar a pastar dicho prado el ganado de huelga y crianza cotendo y vedando la dicha dehesa de Santa Clara en el interin y hasta el dicho día de las Candelas, so pena de que por cada cabalgadura que la guarda hallares en dichas dehesas en el tiempo que así van vedadas cobre, si fuera de día, cuatro reales por cada una y, si la hallare de noche, cobre a ocho reales sin que sea necesaria más justificación que la aprehensión que hiciere la dicha guarda.

 

11ª) - Yten que las guardas que han de guardar el dicho ganado así de bueyes como caballar y mular sean puestas por esta Villa trayendo el pregón de dicha guardería rematándola con el que hiciera más conveniencia y diere mejores fianzas.

 

12ª) - Yten de esta Villa haya de nombrar y nombre guardas del Campo como es costumbre dándolas el salario competente, el cual se ha de repartir entre los labradores y herederos de viñas que labran y tienen sus heredades dentro de los términos y cotos de esta Villa, interviniendo para hacer el dicho repartimiento de los comisarios que esta Villa sobrare con los que en tiempo fueren nombrados por la Junta de Herederos de viñas y con los repartidores del Gremio de Labradores; y las guardas que así nombraren se han de juramentar ante la Justicia de hacer bien y fielmente su oficio para que así hagan más fe sus deposiciones y se han de obligar a denunciar a los dañadores de los daños que hicieren así en panes como en viñas, de no hacerlo, los hayan de pagar de sus bienes y de los sus fiadores; y se declara que el repartimiento que se hiciera por dichos Comisarios en esta Villa y de la Junta de Herederos de viñas y con los repartidores del Gremio de Labradores para efecto de pagar a las dichas guardas sus salarios se cobre por todo rigor de Justicia, para que así tengan segura la paga y cumplan con su obligación.

 

13ª) - Yten se ordena que ente tanto que esta villa usare de la referida facultad que tiene de arrendar la hoja de las viñas levantando el fruto, entren los ganados en las dichas viñas tan solamente desde que se levante de ellas el fruto hasta el día fin de diciembre, que es tiempo en el que pueden tener hojas, y que, si, pasado este día fin de diciembre, hallaren las guardas algún ganado en las dichas viñas, denuncien a los pastores o pastor del dicho ganado y paguen por cada vez que así lo hallaren dos mil mrs. aplicados por tercias partes para la Cámara de su Majestad, Juez y denunciador, además de pagar al dueño de la viña el daño que en ella se halle, con las costas de los que fueron a tasarlo.

 

14ª) - Yten por cuanto de algunos años a esta parte los podadores jornaleros de las viñas han introducido el traer para sí la leña gruesa de las cepas que llaman tárrago, en grave perjuicio de los dueños de las viñas, porque no sólo les quitan la leña,, sino es que gastan en aparejar las cargas de los tárragos el tiempo que habían de ocupar en trabajar, se ordene que ningún podador pueda traer los dichos tárragos, so la pena de que por cada vez que fueren hallados con ellos se pague a la guarda dos reales además de que los ha de volver al dueño cuyos fueren, sin que sea necesario más justificación que haberle aprehendido con ellos la dicha guarda.

 

19-09-08 - Carta de Presentación formal ante la Junta de Castilla y León el procedimiento justificativo para la obtencion de la VCPRD Tierra de Medina del Campo.

 

Carta de Presentación formal ante la Junta de Castilla y León el procedimiento justificativo para la obtencion de la VCPRD Tierra de Medina del

 

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